Verba volant, scripta manent

viernes, 26 de agosto de 2016

El asunto Asgill

Sir Charles Asgill (1762-1823)

El 24 de marzo de 1782, en plena Guerra de la Independencia de las colonias británicas de Norteamérica, un contingente de milicianos de los Associated Loyalists (una sociedad de civiles norteamericanos leales a la Corona británica) atacó el pueblo de Toms River, en el condado de Monmouth (Nueva Jersey). Toms River era una posición estratégica porque allí se encontraban unas salinas que abastecían al ejército rebelde. Los lealistas arrasaron el lugar, quemando las salinas, el pequeño fuerte que las defendía y la mayor parte de las casas del pueblo, e hicieron prisionero al comandante del fuerte, un capitán de la milicia de Nueva Jersey y corsario llamado Joshua Huddy.
Huddy, como otros oficiales hechos prisioneros, fue puesto bajo custodia del ejército británico y enviado a un barco prisión en Nueva York. Sin embargo, unos días más tarde, un grupo de hombres de los Associated Loyalists, bajo el mando de un capitán llamado Richard Lippincott, se llevó a Huddy de la prisión con la excusa de un intercambio de prisioneros con los independentistas. Pero, en realidad, las intenciones de los lealistas eran otras: el prisionero fue llevado a un lugar llamado Middletown Point, al sur de la Bahía de Sandy Hook, donde fue ahorcado sin juicio el 12 de abril, tras dictar y firmar su testamento. Su ejecución fue una represalia de los lealistas: Huddy había sido acusado de ser cómplice de la muerte de Philip White, un granjero lealista que había muerto siendo prisionero de los rebeldes, y que además era pariente de Lippincott. Sus ejecutores colgaron en el pecho del cadáver un cartel que ponía "Ahí va Huddy por Philip White" y abandonaron el lugar dejando el cuerpo todavía colgado de un árbol, donde sus compañeros lo encontraron al día siguiente.

La tumba de Joshua Huddy en el cementerio de Tennent (Nueva Jersey)
Las circunstancias de la muerte de Huddy provocaron una gran indignación en el bando rebelde. Además, Huddy era un hombre carismático y muy apreciado por sus camaradas. Cientos de habitantes de Nueva Jersey enviaron una petición a George Washington, comandante de las tropas independentistas, exigiendo la captura y ejecución de Lippincott, o, en su defecto, la de un oficial británico. Washington ordenó al general Moses Hazen que de entre los oficiales británicos prisioneros se eligiera por sorteo a uno de ellos, que sería ejecutado como resarcimiento por la muerte de Huddy. El elegido fue Charles Asgill, un joven capitán que acababa de cumplir veinte años y que había caído prisionero tras la toma de la ciudad de Yorktown, en octubre de 1781.
Pero Washington se enfrentaba a un dilema. El acuerdo de capitulación firmado por británicos y americanos en Yorktown indicaba explícitamente en uno de sus artículos que la vida de los prisioneros de guerra británicos sería respetada. Ejecutar a Asgill constituiría una violación del acuerdo y una deshonra para el ejército colonial. Sin embargo, Washington no deseaba dejar sin castigo la acción de Lippincott y temía que la milicia de Nueva Jersey, deseosa de venganza, se tomara la justicia por su mano. El general pidió entonces consejo a sus oficiales de mayor confianza quienes, aunque apoyaban la idea de que era necesaria una respuesta a la ejecución de Huddy, le aconsejaron actuar con cautela.

En esta carta, fechada el 5 de junio de 1782, George Washington solicita consejo sobre el caso Asgill a su amigo el general Benjamin Lincoln, Secretario de Guerra y segundo al mando del ejército norteamericano
Curiosamente, fueron los británicos los que involuntariamente echaron una mano a Washington. Entre sus oficiales había un profundo descontento con los lealistas más exaltados y sus acciones. La ejecución de Huddy fue la gota que colmó el vaso, y poco después los Associated Loyalists eran disueltos y Lippincott, llevado ante una corte marcial para ser juzgado por sus actos. El general Washington decidió entonces aplazar la ejecución de Asgill hasta el juicio de Lippincott. Pero sus esperanzas se vieron defraudadas cuando Lippincott fue exonerado de toda culpa al entender el tribunal que había actuado "sin malicia ni mala intención", obedeciendo órdenes de sus superiores.
Por aquel entonces, ya había profundas disensiones en el seno de los rebeldes norteamericanos sobre el asunto Asgill. Muchos no aprobaban que se ejecutase al joven por un delito con el que no tenía nada que ver, traicionando a la vez la palabra dada a los británicos. Además, Asgill había atraído las simpatías de muchos; era un joven simpático, agradable y honrado. Era, además, el único hijo varón del baronet sir Charles Asgill, un acaudalado banquero londinense que había apoyado públicamente la causa de los colonos norteamericanos. Incluso la viuda de Joshua Huddy, Catherine Hart, pidió públicamente que no se ejecutara al joven capitán, al que consideraba una víctima de las circunstancias.
Los aliados franceses de los norteamericanos también intervinieron a favor de Asgill. La madre del joven, Sarah Pratviel, de origen francés, había escrito a los reyes de Francia, Luis XVI y María Antonieta, rogando su intercesión para salvar la vida de su hijo. Los reyes, conmovidos, pidieron a su ministro de Asuntos Exteriores, el conde de Vergennes, que interviniera. Este envió un despacho al conde de Rochambeau, comandante de las tropas francesas que combatían junto a los norteamericanos. Rochambeau, hábilmente, recordó a Washington que él también había firmado el acuerdo de capitulación de Yorktown, por lo que la protección de Asgill también estaba garantizada por los franceses, así que si era ejecutado, no sólo deshonraría a su propio ejército, también a Francia. La petición del gobierno francés pareció convencer al general y decidió llevar el asunto al Congreso Continental, que acabó por suspender la ejecución y decretó la puesta en libertad bajo palabra de Asgill, liberado el 7 de noviembre de 1782.

George Washington (1732-1799)
Tras quedar libre, el capitán Asgill regresó a Inglaterra. En noviembre de 1783 viajó a Francia, junto a su madre y sus hermanas, para agradecer en persona a los reyes su intervención.
Poco después de la liberación de Asgill comenzaron a circular en Inglaterra y Francia diversas historias que acabaron llegando a la prensa. Historias que hablaban de los malos tratos y vejaciones a los que había sido sometido durante su estancia en prisión. A Washington le irritó que Asgill no desmintiera públicamente dichas historias, y también que tras su liberación no le hubiera escrito a él agradeciéndole su puesta en libertad. Al final, para dar su versión de lo ocurrido, Washington hizo publicar su correspondencia relativa al caso Asgill en una publicación local, The New-Haven Gazette, and The Connecticut Magazine, el 16 de noviembre de 1786, resaltando que el capitán inglés había sido bien tratado en todo momento y quejándose de sus malos modales. A su vez, Asgill entró en cólera cuando leyó lo publicado, y, viéndose acusado de descortés, respondió con una vehemente carta de 18 páginas, fechada el 20 de diciembre de 1786 y enviada al editor del The New-Haven Gazette, and The Connecticut Magazine, en la que decía haber sido tratado como un animal de circo durante su reclusión y haber sido insultado, amenazado y golpeado por sus carceleros, y en la que concluía "Dejo al público decidir hasta qué punto el trato que he relatado merece agradecimiento... mi juicio me dice que no puedo dar gracias con sinceridad y mis sentimientos no me permiten desahogarme". Esta carta no llegó a ser publicada.
Charles Asgill heredaría el título de baronet a la muerte de su padre. Continuó sirviendo en el ejército británico, en distintos regimientos, hasta su muerte, sucedida en 1823, y alcanzó el rango de general en 1814.
Richard Lippincott no llegaría a ser castigado por la muerte de Huddy. Tras la derrota británica huyó a Canadá, como muchos otros lealistas, y acabaría sus días en la ciudad de York (la actual Toronto).

lunes, 22 de agosto de 2016

El sueño de Rudy Ruettiger


Daniel Eugene Ruettiger, conocido por todos como "Rudy", nació el 23 de agosto de 1948 en Joliet (Illinois), en el seno de una familia numerosa (era el tercero de catorce hermanos). Tras dejar el instituto, se alistó en la Marina, donde sirvió dos años como administrativo en un barco de comunicaciones. Luego trabajaría en una central eléctrica hasta que en 1972, tras la muerte de un amigo en un accidente laboral, decidió matricularse en la Universidad de Notre Dame (Indiana). Desde niño, su gran sueño había sido jugar al fútbol americano con el equipo de la universidad, los Fighting Irish, y decidió que no podía dejarlo pasar más tiempo. Pero, dadas sus bajas notas en el instituto, se vio obligado a realizar un curso previo en una de las instituciones asociadas a la Universidad, el Holy Cross College. Allí le fue diagnosticada dislexia, lo que explicaba sus dificultades de aprendizaje. Mientras esperaba ser admitido, consiguió un trabajo como jardinero en el estadio de la universidad. Finalmente, Ruettiger fue aceptado en Notre Dame en 1974.


De inmediato, trató de entrar en el equipo de fútbol, pero su físico jugaba en su contra. Con menos de 1'70 de estatura y 80 kilos, distaba mucho del poderío físico habitual en los jugadores de este deporte. Pero a él no le importó. Insistió tanto que logró ser aceptado para colaborar con el equipo como parte del llamado scout team: el equipo "B", los que no jugaban sino que participaban en los entrenamientos como "equipo rival" para que los titulares pudieran ensayar estrategias y jugadas. No le importó; lo vió como un paso adelante hacia su objetivo, poder debutar en un partido. Desde ese momento, Rudy se esforzó en cuerpo y alma para conseguirlo. No se perdía un entrenamiento, trabajaba duro, sin descanso, sin quejarse, siempre dispuesto a hacer lo que hiciera falta por el equipo. A fuerza de trabajo e ilusión, se acabó ganando el aprecio de jugadores y técnicos, hasta el punto de que el entrenador, Ara Parseghian, le prometió que lo sacaría a jugar en un partido antes de que terminara el último año de Rudy en Notre Dame. Pero Parseghian dejó el puesto tras el final de la temporada de 1974 y llegó un nuevo entrenador, Dan Devine, Y Rudy siguió intentándolo: trabajo dur, sacrificio y una fe inquebrantable.


Y por fin llegó el día que Rudy tanto había estado esperando. Corría el 8 de noviembre de 1975, la temporada estaba a punto de terminar y Notre Dame se enfrentaba al poderoso equipo de Georgia Tech. El partido fue mejor de lo esperado; quedaba medio minuto del último cuarto y Notre Dame ganaba 24 a 3. Ante el aplauso unánime de la grada, Devine dio entrada a Rudy para que jugara aquellos últimos segundos. tuvo tiempo de intervenir en tres jugadas: un despeje, un pase incompleto y un placaje al quarterback de Georgia, Rudy Allen, que fue ampliamente aplaudido por los espectadores. Tras el final del partido, Rudy fue sacado a hombros del campo por sus compañeros. Fue su primera y última aparición con el equipo.


Tras dejar la universidad, Rudy aprovechó la fama que había alcanzado su historia para convertirse en un exitoso orador de charlas motivacionales. Su historia fue llevada al cine en 1993, en una película titulada Rudy, reto a la gloria. Deportistas como Kobe Bryant han reconocido haberse sentido inspirados por la historia de Rudy Ruettiger para no desfallecer en sus carreras en pos del éxito.

El partido de Rudy

viernes, 19 de agosto de 2016

Un vencedor inesperado

Ramón Carlín (1923-2016)

El 8 de septiembre de 1973 se daba la salida en el puerto inglés de Portsmouth a los participantes en la primera edición de una nueva y emocionante regata, la Withbread Round the World Race, así llamada por estar patrocinada por la multinacional hostelera británica Withbread PLC. La regata (que hoy en día, tras cambiar de patrocinador, se conoce como Volvo Ocean Race) consistía en una vuelta al mundo para barcos veleros, recorriendo más de 27000 millas náuticas (unos 50000 kilómetros) en cuatro etapas: Portsmouth-Ciudad del Cabo, Ciudad del Cabo-Sydney, Sidney-Rio de Janeiro y Rio de Janeiro- Portsmouth (en la actualidad, el trayecto se hace en nueve o diez etapas). En aquella primera regata tomaron parte 17 veleros de distintos tamaños, la mayoría británicos y franceses. Sólo dos no eran europeos: el Jakaranda sudafricano y el Sayula II mexicano. Este último era el más pequeño de todos los barcos a competición, y era propiedad del empresario mexicano Ramón Carlín.

La salida de la Whitbread Round the World Race
Ramón Carlín, dueño de una tienda de venta de electrodomésticos, se había iniciado tarde en la vela, pasados ya los cuarenta años, por pura casualidad: su hermano se compró un barco y lo invitó a acompañarlo. La experiencia le gustó, así que empezó a participar en regatas cortas, mayormente en los alrededores de Acapulco. Hasta que un día, durante una visita a su hijo Enrique, que estudiaba en Inglaterra, oyó hablar de la regata. Era algo totalmente diferente a lo que había hecho hasta entonces, una auténtica aventura, original y novedosa. Y fue eso lo que le atrajo: el desafío, la aventura. Así que, sin tener todavía barco ni tripulación, Carlín se inscribió en la Whitbread.

La tripulación del Sayula II
El barco lo compraría poco después; un velero modelo Swan 65, de veinte metros de eslora, al que bautizó como Sayula II en homenaje al pueblo natal de su esposa. Reunió una variopinta tripulación, compuesta de seis mexicanos (entre ellos el propio Carlín como patrón; su esposa Paquita Larios; su hijo Enrique; y sus sobrinos Roberto Cubas Carlín y Francisco Reyes Carlín), tres norteamericanos, un inglés, un holandés y un australiano, que se reunieron por primera vez en Portsmouth, días antes del inicio de la regata. "No tuvimos tiempo de entrenar. Mi plan era conocer bien a mi tripulación y enseñarles a manejar el barco durante la primera etapa, pero resultó que todos eran buenísimos", diría años más tarde Carlín.
La llegada del Sayula II a Portsmouth provocó no pocas sonrisas. Entre todos aquellos imponentes veleros, tripulados por marineros expertos y capitaneados por patrones célebres por sus hazañas, la presencia de aquel extravagante mexicano, con su pequeño velero y sus pintorescos tripulantes, parecía poco más que una anécdota. Un periódico inglés publicó incluso una viñeta humorística en el que los tripulantes del Sayula II aparecían caracterizados con sombreros mexicanos y botellas de tequila.


Sorprendentemente para casi todos, el Sayula II llegó en segundo lugar a Ciudad del Cabo, demostrando que no estaban dispuestos a ser una comparsa. Hay que decir que la vida a bordo del Sayula era diferente a lo habitual en este tipo de pruebas. Frente a la frugalidad habitual en otros barcos, el Sayula llevaba a bordo a un cocinero que les preparaba filetes, hamburguesas y pollo. La tripulación se bebía seis botellas de vino al día, y 250 latas de cerveza (suministradas por un patrocinador) en cada etapa. Y también licores; para los que terminaban su guardia en cubierta, nunca faltaba un vaso de ron, ginebra o vodka para reconfortarlos. Al llegar a Ciudad del Cabo, los periodistas se sorprendieron al descubrir que, tras 45 días de travesía, todavía les quedaban 11 tarros de caviar a bordo. Allí tuvieron su primera "baja": la señora Paquita decidió que ya había tenido suficiente océano y prefirió quedarse en tierra.


La siguiente etapa, de Ciudad del Cabo a Sydney, fue la más complicada. Los participantes se enfrentaron a condiciones meteorológicas muy adversas. Tres marineros se ahogaron, y casi todos los barcos sufrieron algún tipo de desperfecto (cinco de ellos tuvieron que retirarse de la competición). El Sayula II no se libró; el 11 de diciembre una enorme ola de 14 metros golpeó al barco y lo volcó. Los equipos electrónicos y las bombas de achique se estropearon, pero el barco resistió y la tripulación logró poner remedio a la situación y seguir navegando: Carlín decidió entonces dirigirse a Sydney por otra ruta, menos directa y con mayor recorrido, pero con menos riesgo de tormentas. Una decisión a la postre le permitiría sacar ventaja a sus competidores. En Australia, Carlín estuvo tentado de abandonar, pero su esposa le amenazó si no continuaba: "Como te retires, me divorcio".
El Sayula ganó también la siguiente etapa, de Sydney a Río de Janeiro. El 19 de marzo salía de Río para la etapa final, llegando como vencedor a Portsmouth el 14 de abril, Domingo de Pascua, casi 153 días después de su partida. El tiempo oficial de su singladura fue de 133 días y 13 horas, con casi dos días de ventaja sobre el segundo clasificado, el británico Adventure. Una victoria épica por la que nadie habría apostado antes de la regata.

La tripulación del Sayula, celebrando la victoria
Después de la celebración, los caminos de los tripulantes del Sayula II se separaron. Ramón Carlín volvió a México en loor de multitudes, convertido en un héroe nacional, y fue recibido por el presidente Luis Echevarría. Sin embargo, no volvió a participar en una regata de tal calibre. Prefirió regresar a su casa, atender sus negocios, y disfrutar de los tranquilos paseos por las aguas de Acapulco. En 2011 fue homenajeado en Alicante, durante los actos previos a la partida de la 11ª edición de la regata.

La tripulación del Sauyla II, 40 años después
En 2014, coincidiendo con el 40 aniversario de la victoria, comenzó el rodaje de un documental sobre la hazaña de Carlín y el Sayula II, dirigido por el cineasta mexicano Bernardo Arsuaga y titulado The Weekend Sailor. Con motivo del rodaje, se reunió la tripulación original del Sayula II, algunos de los cuales no habían vuelto a verse desde el final de la regata. Todos recordaban con cariño aquella aventura y el magnífico ambiente, casi familiar, que se vivía a bordo del barco, en buena parte gracias a Carlín, a quien calificaban como "el patrón perfecto".


Ramón Carlín falleció en Ciudad de México el pasado 16 de mayo, a los 92 años de edad.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Jackie Robinson, el primer jugador negro en las Grandes Ligas

Jack Roosevelt "Jackie" Robinson (31-1-1919 / 24-10-1972)

Jackie Robinson no tuvo una infancia sencilla. Nieto de esclavos, fue el menor de los cinco hijos de un humilde matrimonio de aparceros de Georgia. Su padre los abandonó siendo él un niño y su madre se mudó con sus hijos a Pasadena (California) buscando un futuro mejor para su familia. Lo consiguió, a base de mucho esfuerzo y sacrificios, aunque los Robinson tuvieron que lidiar frecuentemente con el racismo y la discriminación. Jackie incluso se unió a una banda callejera, aunque los consejos de sus amigos lograron apartarlo de aquella vida.
Jackie empezó a interesarse por el deporte durante su estancia en el instituto, en buena parte por la influencia de sus hermanos mayores, Frank y Mack (quien ganaría la medalla de plata en los 200 metros lisos en las Olimpiadas de Berlín), y enseguida demostró su talento, cosechando premios y distinciones en fútbol americano, béisbol, atletismo, baloncesto y tenis. También por esta época tuvo algún que otro roce con la Policía (llegó incluso a recibir una condena, que quedó en suspenso por no tener antecedentes y ser un alumno distinguido, por protestar el arresto de un amigo suyo) debido a su activismo en contra de la discriminación racial.

Jackie Robinson jugando al baloncesto en su etapa en UCLA
Tras estudiar sus dos primeros años de universidad en el Pasadena Junior College, Jackie se trasladó a la Universidad de California (UCLA) para poder estar cerca de la familia de su hermano Frank, muerto en un accidente de tráfico. En UCLA hizo historia convirtiéndose en el primer alumno en recibir distinciones por su rendimiento en cuatro deportes: fútbol americano, baloncesto, béisbol y atletismo.

Y aquí, jugando al fútbol americano
En 1941, cuando le quedaban pocos meses para graduarse, dejó la universidad. Trabajó durante un tiempo como asistente de un entrenador deportivo y luego jugando al fútbol americano en equipos semiprofesionales como los Honolulu Bears y Los Ángeles Bulldogs. Pero después del ataque a Pearl Harbor fue reclutado y entró en el ejército. Allí de nuevo se las tuvo que ver con tratos discriminatorios. Fue asignado a una unidad formada exclusivamente por negros, y su solicitud para ingresar en la escuela de oficiales (junto a la de muchos compañeros de su misma raza) sufrió un sinfín de retrasos, aunque finalmente lograría alcanzar el rango de subteniente. En esta época nació una fuerte amistad entre Robinson y el campeón mundial del peso pesado Joe Louis, quien también se había alistado e intervino para que dejaran de ponerles trabas a los soldados negros que querían ser oficiales.
En julio de 1944, su carrera militar sufrió un traspié a causa de un nuevo incidente vinculado al racismo. El conductor de un autobús militar ordenó a Robinson que se sentara en los asientos traseros (algo habitual en muchos estados, pero teóricamente prohibido en el ejército). Robinson se negó y el conductor llamó a la policía militar, que lo arrestó. Durante su interrogatorio, Robinson se mostró indignado y desafiante, lo que le costó enfrentarse a un consejo de guerra. Fue trasladado a una unidad nueva, donde su comandante tenía por costumbre acusarlo de todo tipo de faltas e infracciones inexistentes. Finalmente, en su consejo de guerra Robinson se enfrentó sólo a dos cargos de insubordinación, de los que fue absuelto. Pero su carrera militar se había resentido; su unidad fue desplegada en Europa en octubre de 1944, pero Robinson nunca llegaría a entrar en combate, y en su lugar fue relegado a tareas secundarias como entrenar a nuevos reclutas. Al final, en noviembre de ese año, Robinson dejó el ejército (licenciado con honores).

Robinson con el uniforme de los Kansas City Monarchs
Después del ejército, Robinson volvió a jugar con los Bulldogs antes de aceptar el cargo de entrenador en un instituto de Austin (Texas). En 1945 le llegó una oferta para jugar al béisbol con los Kansas City Monarchs en una de las llamadas Negro Leagues, ligas con equipos compuestos exclusivamente de negros y latinos. Allí Robinson destacó con su juego, pese a que le desagradaban muchas de las cosas que veía en la Negro League: la desorganización, la precariedad, las apuestas ilegales... Pero las puertas de las otras ligas estaban cerradas para los de su raza; el hasta entonces comisionado de las Ligas Mayores y Menores de béisbol, Kenesaw Landis, se oponía rotundamente a permitir la participación de jugadores negros en ellas.
Todo cambió cuando a finales de 1945, tras la muerte de Landis un nuevo Comisionado accedió al cargo: Albert "Happy" Chandler, el cual se mostraba abiertamente a favor de la presencia de jugadores negros. Algunos clubes comenzaron a enviar ojeadores a las Negro Leagues en busca de jugadores con potencial. Robinson fue uno de los más llamó la atención (en su primera temporada en los Monarchs había terminado con un promedio de bateo de 0'387, cinco home-run y trece bases robadas). El presidente de los Brooklyn Dodgers, Branch Rickey, decidió apostar por Robinson y le firmó un contrato para jugar con los Montreal Royals, filial de los Dodgers, que jugaban en una de las Ligas Menores. Eso si; primero advirtió a Robinson de que indudablemente le esperaba un recibimiento hostil por parte de los aficionados y los demás jugadores. Pero Jackie Robinson se mostró dispuesto a aceptar el reto.


Tal y como era de esperar, el recibimiento a Robinson (y a Johnny Wright, otro jugador de la Negro League procedente de los Homestead Grays que también jugaría con los Royals esa temporada) no fue en absoluto acogedor. Durante la pretemporada de los Royals en Florida se le prohibió alojarse en el mismo hotel que sus compañeros blancos, En varias localidades del estado las autoridades prohibieron su presencia en los entrenamientos de los Royals. En Sanford el jefe de policía local amenazó con suspender el entrenamiento si Robinson no se iba. En Jacksonville el estadio donde iban a entrenar fue cerrado por orden del director de Parques y Espacios Públicos de la ciudad. Y en DeLand el entrenamiento se suspendió debido a un supuesto "fallo eléctrico". A pesar de todas estas trabas, el 17 de marzo de 1946 Robinson jugaba su primer partido con los Royals, un partido de exhibición frente a los Dodgers. Y el 18 de abril, Robinson hacía historia y rompía la barrera racial del béisbol profesional jugando su primer partido oficial con los Royals frente a los Jersey City Giants, que los canadienses vencieron contundentemente por 14-1.


Robinson hizo una gran temporada con los Royals. Aunque solía ser recibido de forma hostil por las aficiones rivales (incluso hubo que suspender varios partidos amistosos en estados del sur del país, donde la segregación se mantenía con mucha fuerza), los aficionados de los Royals le convirtieron enseguida en uno de sus ídolos. Terminó la temporada con un promedio de bateo de 0'349 y un porcentaje de aciertos defensivos de 0'985, siendo nombrado mejor jugador de la Liga. Además, por el interés (a favor y en contra) que despertaba, los partidos en los que participaba tenían una afluencia de espectadores sensiblemente superior a la habitual. Por ello, terminada la temporada, los Dodgers decidieron incorporarlo a su equipo. En el descanso entre temporadas, Robinson aprovechó para jugar al baloncesto, enrolado en Los Ángeles Red Devils.


El 15 de abril de 1947 Jackie Robinson derribaba otra barrera que duraba casi setenta años y se convertía en el primer jugador negro en jugar un partido en las Ligas Mayores, jugando con los Dodgers frente a los Boston Braves en la posición de primera base. No tuvo un recibimiento fácil, pese a que la prensa por lo general acogió favorablemente su debut. Incluso dentro de los propios Dodgers, algunos jugadores insinuaron que preferían quedarse en el banquillo antes que jugar con él. El entrenador del equipo, Leo Durocher, zanjó la cuestión: "Me da igual si el chico es amarillo, negro o tiene rayas como una jodida cebra. Yo soy el entrenador de este equipo, y digo que juega". Los St. Louis Cardinals amenazaron con ponerse en huelga si Robinson jugaba contra ellos (Happy Chandler les advirtió que los jugadores que hicieran huelga serían suspendidos), los jugadores y el entrenador de los Philadelphia Phillies se pasaron el partido insultándolo... Algunos lanzadores rivales lanzaban la bola directamente contra su cabeza o sus piernas, los catchers le escupían en los zapatos cuando bateaba, incluso un jugador rival arrojó un gato negro a la cancha en una ocasión. Y los aficionados rivales lo solían recibir con una catarata de improperios, insultos e incluso amenazas de muerte.

Jackie Robinson con algunos de sus compañeros de equipo. De derecha a izquierda, Spider Jorgensen, Eddie Stanky, Pee Wee Reese y Robinson.
Robinson aguantaba estoicamente aquel trato, concentrándose en jugar y en demostrar a todos que se merecía estar allí. Poco a poco, se fue ganando el respeto de los demás jugadores de la Liga. Sus compañeros de equipo, ante la cantidad de insultos que recibía, no tardaron en hacer frente común en su defensa. Pee Wee Reese lo defendió públicamente con una frase que se hizo célebre: "Puedes odiar a un hombre por muchas razones. El color no es una de ellas". Muchos siguieron oponiéndose a su presencia en el campo, pero Robinson había abierto la puerta a la llegada de más jugadores negros a las Grandes Ligas: ese mismo año de 1947, otros tres jugadores negros llegaron a la Liga. Larry Doby a los Cleveland Indians, y Hank Thompson y Willard Brown a los St. Louis Browns, Y la cifra siguió aumentando en los años siguientes: Monte Irvin y Willie Mays a los New York Giants, Sam Jethroe a los Boston Braves, Satchel Paige y Minnie Miñoso a los Cleveland Indians... Todos tuvieron aún que sufrir el racismo de muchos aficionados, pero lograron que la presencia de jugadores de color fuera cada vez más algo corriente, a pesar de que algunos equipos se resistían a aceptar la novedad (los Boston Red Sox no admitieron jugadores negros hasta 1959).

Monumento en Brooklyn que recuerda el gesto de Pee Wee Reese y Jackie Robinson
Jackie Robinson terminó su primera temporada con unas excelentes cifras, que le valieron ser nombrado Mejor Novato de la Liga de ese año. Al año siguiente pasó a jugar de segunda base, tras firmar un nuevo contrato con los Dodgers que incluía una notable subida de sueldo. Ese año se vivió uno de los momentos más recordados de su carrera: tras un partido ante los Cincinnati Reds en el que Robinson había recibido todo tipo de improperios, Pee Wee Reese le pasó su brazo por encima de los hombros, desafiando a los que lo insultaban.
1949 fue una excelente temporada par Robinson. Fue elegido mejor jugador de la Liga, fue líder en bases robadas y seleccionado por primera vez para el Partido de las Estrellas, con los mejores jugadores de la competición (participaría ininterrumpidamente hasta 1954). Al año siguiente ya era el jugador que más cobraba de los Dodgers (35000 $ de la época al año) y se estrenó una película sobre su vida, The Jackie Robinson Story, protagonizada por él mismo. Con los Dodgers fue en seis ocasiones finalista de las World Series, aunque sólo logró el título en 1955 (el primero en la historia del equipo), quedando subcampeón en 1947, 49, 52, 53 y 56.


Jackie Robinson permaneció en los Dodgers hasta 1956. A finales de ese año su equipo anunció su traspaso a los New York Giants, pero el trato no llegó a completarse. Robinson, que empezaba a sufrir los efectos de la diabetes, prefirió retirarse del deporte activo y aceptar un puesto de ejecutivo en la empresa cafetera Chock full o'Nuts. Más tarde ejercería como comentarista deportivo. Siempre mantuvo un fuerte compromiso político y social en favor de la igualdad de derechos y colaboró con diversas asociaciones para el progreso de la gente de color. También fue un entusiasta activista en la lucha contra las drogas, un tema que le tocaba de cerca, ya que su hijo mayor había tenido serios problemas de adicción. En 1962 fue incluido en el Salón de la Fama del Béisbol.
El 4 de junio de 1972, los Dodgers (que se habían trasladado a Los Ángeles en 1957) homenajearon a Robinson retirando su número, el 42, que no volvería a utilizar ninguno de sus jugadores. En 1997, al cumplirse 50 años de su debut, todos los equipos de la Major League Baseball decidieron retirar ellos también el número 42.


La última aparición de Jackie Robinson en público tuvo lugar el 15 de octubre de 1972, cuando, ya gravemente enfermo y casi ciego por la diabetes, acudió a un partido de las World Series, donde fue homenajeado y recibió una placa conmemorativa al cumplirse los 25 años de su debut. Tan sólo nueve días después, el 24 de octubre, Jackie Robinson fallecía de un ataque al corazón en su casa de North Stamford (Connecticut). A su funeral asistieron decenas de miles de personas, y famosos jugadores de béisbol (entre ellos, varios ex-compañeros suyos) llevaron su ataúd.
Jackie Robinson se casó en 1946 con Rachel Isum, su novia desde los tiempos de la universidad. Tuvieron tres hijos; Jackie Jr. (muerto en 1971 en un accidente de tráfico), Sharon (educadora y escritora) y David, dueño de una plantación de café en Tanzania.


lunes, 15 de agosto de 2016

FC United of Manchester, un club diferente


El 12 de mayo de 2005 uno de los clubes con más historia del mundo, el Manchester United, pasaba a ser propiedad del multimillonario norteamericano Malcolm Glazer. Este movimiento fue recibido por un amplio sector de la afición red, que lo veía como una mercantilización de su equipo y una traición a la esencia del club y a sus aficionados. Un grupo de los más descontentos se reunió una semana después, el 19 de mayo, en el Central Methodist Hall de Manchester para discutir qué medidas tomar. Allí se empezó a hablar de la posibilidad de crear un nuevo equipo, que representase fielmente la idea de club que ellos defendían. La idea no era nueva; ya se había hablado de ella en 1998, cuando el magnate australiano Rupert Murdoch trató de hacerse con el United.


Ante la buena acogida, se decidió celebrar una segunda reunión, el día 30 de mayo en el teatro Apollo. En esa segunda reunión se tomó la decisión de seguir adelante con la creación del nuevo club si se conseguían unos apoyos mínimos (1000 personas dispuestas a contribuir económicamente antes de finales de julio) y se formó un pequeño comité encargado de llevar a cabo todos los trámites burocráticos necesarios.
El nuevo club iba a llamarse sencillamente FC United, pero la Federación inglesa rechazó el nombre por ser demasiado genérico. Aquellos que habían puesto dinero fueron llamados a votar el nombre definitivo del club; el FC United of Manchester se impuso a otras opciones como Manchester Central, AFC Manchester 1878 o Newton Heath (nombre original del Manchester United). El 14 de junio de 2005 se registraba oficialmente el FC United of Manchester en la Asociación de Fútbol de Manchester.


La respuesta de los aficionados fue multitudinaria. A principios de julio más de 4000 personas habían hecho aportaciones económicas al club y se habían recaudado más de 100000 libras. A continuación, se llevó a cabo la selección de los jugadores. Más de 900 personas ofrecieron sus servicios al recién nacido club. De ellos, 200 fueron admitidos a prueba y de ellos se eligieron a los 17 que formaron la primera plantilla del club. El primer jugador en firmar por el FC United fue Jonathan Mitten, sobrino nieto de Charlie Mitten, que había sido jugador del Manchester United en la década de los 40. Como entrenador se eligió a Karl Marginson, un ex-jugador con una larga carrera en clubes modestos, que a día de hoy sigue en el cargo.
Durante el proceso de creación del FC United otro club modesto, el Leigh RMI (Leigh es una ciudad del área metropolitana de Manchester), ofreció a sus miembros que ambos clubes se fusionaran. Los impulsores del FC United rechazaron la oferta, aunque entre ambos clubes se estableció una corriente de simpatía y cordialidad (el Leigh RMI, al igual que el Manchester United, había sido fundado en el siglo XIX por trabajadores de los ferrocarriles) y de hecho el primer partido en la historia del FC United of Manchester fue contra el Leigh, celebrado el 16 de junio y que terminó 0-0.


Lo singular del FC United of Manchester es su sistema de gestión. El club funciona como una cooperativa (es el mayor club del Reino Unido que funciona con este sistema). Cada socio (a los que el club se refiere como "co-propietarios") obtiene el derecho a ser miembro del club apoyando económicamente al equipo con un mínimo de 12 libras al año (3 para los niños), pero el voto de cada socio vale igual independientemente de la cantidad de dinero que hada dado al club. Los socios eligen a un consejo de 11 personas que es el que se encarga de la gestión diaria del club (aunque hay subcomités encargados de áreas concretas), supervisados por un mánager general (Andy Walsh, uno de los fundadores, desempeñó ese cargo desde su fundación hasta junio de 2016). Las decisiones importantes también se consultan a los socios, que en la temporada 15-16 eran más de 5300.
Las bases fundacionales del club tienen siete puntos principales:
1- El Consejo será elegido democráticamente por los miembros del club.
2- Las resoluciones tomadas por los miembros se decidirán en votaciones regidas por el sistema de "una persona, un voto".
3- El club desarrollará fuertes lazos con la comunidad local, procurando ser accesible para todos y sin discriminar a nadie.
4- El club se esforzará por mantener el coste de las entradas tan bajo como sea posible, para alcanzar a la mayor cantidad de gente posible.
5- El club animará a los jóvenes locales a participar -jugando y animando- tanto como sea posible.
6- El Consejo hará lo posible para evitar el comercialismo y la mercantilización del club.
7- El club se mantendrá como una organización sin ánimo de lucro.

Broadhurst Park
Los uniformes del club, aunque han variado a lo largo de los años, mantienen los colores rojo, blanco y negro; los mismos que utiliza el Manchester United. Su camiseta no lleva publicidad (los estatutos del club lo prohíben) pero si admiten patrocinadores. El escudo del club se inspira en el escudo y los colores de la ciudad de Manchester. Desde su fundación hasta 2014 jugó sus partidos como local en el estadio Gigg Lane de Bury, compartiéndolo con el Bury FC. En la temporada 2014-15 jugó durante unos meses en el Bower Fold de Stalybridge y el Tameside Stadiun de Ashton-under-Lyne antes de trasladarse definitivamente en mayo de 2015 a Broadhurst Park, un campo de reciente construcción que comparte con el Moston Juniors, un club de base. La asistencia media a sus partidos es de unos 3000 espectadores, mayor que la de clubes de categorías superiores.


El club debutó en la temporada 2005-06 en la segunda división de la North West Counties Football League; la décima división del fútbol inglés. A partir de ahí encadenó tres ascensos consecutivos hasta la Northern Premier League Premier Division (7ª división) en 2008. En 2015 volvió a ascender, esta vez a la National League North (6ª división), donde se ha mantenido esta última temporada. Aparte de sus ascensos, su mayor éxito ha sido haber eliminado en la FA Cup de la temporada 2010-11 al Rochdale, equipo que militaba en la League One (3ª categoría).
Para el que quiera saber más de este peculiar club, http://www.fc-utd.co.uk/.

sábado, 13 de agosto de 2016

La historia de Henry Rono

Henry Rono

Los nandi son una tribu de la etnia kalenjin, asentados en el oeste de Kenia y el valle del Rift. Una tribu de pastores semi-nómadas y grandes guerreros, que, como otras tribus kalenjin, ha dado grandes campeones al mundo del atletismo, como Amos Biwott, Wilfred Bungei, Pamela Jelimo o los nacionalizados Bernard Lagat (EEUU) y Wilson Kipketer (Dinamarca). Y también Henry Rono.
Henry Rono nació en Kapsabet, capital del territorio nandi, el 12 de febrero de 1952. Trabajaba en el campo, con su familia,,  pero sin descuidar sus estudios ni la práctica deportiva. De hecho, destacaba tanto como corredor, incluso en un país lleno de grandes atletas, que en 1976, tras una gran actuación en los campeonatos estatales, le llegó la oportunidad de estudiar y competir en la Universidad de Washington State, junto a su compatriota Samson Kimowba.
Nada más llegar, Rono demostró su talento venciendo en el Campeonato Masculino de Cross de la NCAA, con un tiempo récord de 28:06 que todavía no ha sido rebajado. Bajo la tutela del entrenador John Chaplin, Rono fue puliendo su técnica y las victorias empezaron a caer una tras otra. En 1977 ganó de nuevo el Cross y los 3000 metros indoor de la NCAA.


Pero su mejor año fue sin duda 1978. Ese año, en una fantástica racha de tan sólo 81 días, Henry Rono batió cuatro récords mundiales de pruebas de atletismo de fondo y medio fondo: 10000 metros (el 11 de junio, rebajando ocho segundos el récord de su amigo Kimowba), 5000 metros (el 8 de junio, rebajando en cuatro segundos el récord en poder del neozelandés Dick Quax), 3000 metros (el 27 de junio, restando tres segundos a la marca del británico Brendan Foster) y 3000 metros obstáculos (el 13 de mayo, con un tiempo tres segundos inferior al del sueco Anders Gärderud). Ese mismo año, obtuvo dos medallas de oro en los Juegos de la Commonwealth (en 5000 y 3000 obstáculos) y otras dos (en 10000 y 3000 obstáculo) en los Juegos Panafricanos. En 1979, consiguió ganar por tercera vez el Cross de la NCAA, algo que aparte de él solamente han logrado Gerry Lindgren (1966,67 y 69), Steve Prefontaine (1970, 71 y 73) y Edward Cheserek (2013, 14 y 15).

Rono, en los Juegos de la Commonwealth de 1978
Su gran decepción fue no haber podido participar en unos Juegos Olímpicos. En la edición de Montreal 76, Kenia, al igual que otros 34 países (28 africanos y Albania, Afganistán, Siria, Guyana, Taiwán e Irak) boicoteó los juegos, ya que el COI se había negado a excluir a Nueva Zelanda, cuya selección de rugby, los All Blacks, había jugado un partido contra Sudáfrica, país excluido de las Olimpiadas por su política de apartheid. Y en Moscú 80, 66 países (entre ellos, de nuevo Kenia) boicotearon el evento, en su mayor parte para condenar la invasión de Afganistán. En las siguientes, las de Los Ángeles 1984, ya se había retirado.
Henry Rono había ascendido a la cúspide del atletismo mundial. Convertido en la gran estrella del fondo y el medio fondo, tenía fama, reconocimiento y dinero (había firmado con Nike un sustancioso contrato de patrocinio. Un ascenso vertiginoso; demasiado, quizá, para un joven chico nacido en un pequeño pueblo africano. Rono se vio superado por las circunstancias. No supo asimilar toda aquella atención y sus nuevas responsabilidades. El atletismo dejó de ser una actividad placentera. Hasta entonces, para él correr había sido algo divertido, con lo que disfrutaba. Ahora se había vuelto una pesada carga. Corría abrumado por el miedo al fracaso, a defraudar las grandes expectativas que sobre él había. Y acabó por buscar consuelo en el alcohol.


En los siguientes años, Rono siguió corriendo, siguió obteniendo victorias, pero su dependencia de la bebida era cada vez mayor. Empezó a descuidar sus entrenamientos y a ganar peso. Seguía siendo un excelente corredor; el 13 de septiembre de 1981 volvía a batir el récord del mundo de los 5000 metros. Según él mismo confesaría, la noche anterior había pillado una monumental borrachera y apenas había dormido. Pero ya nada volvería a ser lo que era. En 1982, con sólo 30 años, en franca decadencia física y completamente desmotivado, Henry Rono decía adiós a la alta competición.
Su dependencia del alcohol le había costado su carrera, sus amigos e incluso perder la mayor parte del dinero que había ganado. Quiso volver a Kenia, pero allí fue rechazado por los suyos, que llegaron a decirle que era "una desgracia para Kenia". Así que regresó a EEUU, donde pasó por trabajos de baja cualificación (lavacoches, maletero) e incluso vivió en la calle durante algún tiempo.
Finalmente, Rono logró salir de la espiral autodestructiva en la que estaba sumido. Dejó la bebida, comenzó a trabajar entrenando al equipo de atletismo de un instituto de Alburquerque (Nuevo México) y volvió al atletismo, compitiendo en categoría de veteranos, demostrando que aún posee el coraje y el talento que lo llevaron a lo más alto del atletismo mundial.


jueves, 11 de agosto de 2016

El aficionado que era mejor que Lee Chapman

Steve Davies con la camiseta del West Ham

A Steve Davies, nacido en 1967 en Rushden (Northamptonshire), a casi 100 kilómetros al norte de Londres, le apasionaba el fútbol desde que era niño. Podía haber sido fan del equipo de su pueblo, el Rushden & Diamonds FC, o de alguno de los equipos de las localidades cercanas, como el Northampton, el Kettering Town o incluso el Coventry City. Pero a Steve siempre le fascinó el West Ham, desde que en 1975 vio al equipo londinense ganar la FA Cup derrotando al Fulham por 2-0 con un doblete de Alan Taylor. Desde aquel momento, Steve sería siempre fiel a los colores azul y burdeos de los Hammers.
Muy pronto Steve comenzó a acudir a todos los partidos del West Ham que podía, en Londres y fuera. No le iportaba recorrer cientos de kilómetros, dormir en estaciones de tren o lo que hiciese falta. Su pasión por el West Ham era irrefrenable. Su gran ídolo era Trevor Brooking, un legendario jugador que estuvo 18 temporadas en el West Ham en las que llegó a disputar 528 partidos. Ni siquiera el nacimiento de sus dos primeros hijos logró refrenar los ánimos de Steve. Para mantener a su familia, trabajaba como mensajero en largas jornadas, pero siempre conseguía arañar tiempo para seguir al West Ham.
Un buen día del verano de 1994, su buen amigo Chunk (otro fanático del West Ham como él) le propuso desplazarse hasta Oxford para ver jugar al equipo hammer. Se trataba de un partido amistoso de pretemporada ante un rival menor, el Oxford City, de categoría regional. Steve no se lo pensó dos veces, y allá se fueron, Steve, Chunk, su amigo Bazza y la esposa de Steve, Kelly.
El partido se disputó en el Court Place Farm, el modesto estadio del Oxford City. Uno de esos estadios humildes donde los espectadores están prácticamente encima del campo. Había más de 2000 espectadores asistiendo al partido; no tanto por la categoría del West Ham sino por ver a uno de los ídolos locales, Joey Beauchamp, ex-jugador del Oxford United y recién fichado por el equipo londinense. Steve y sus acompañantes se situaron junto a otros hinchas detrás del banquillo del West Ham, a apenas un par de metros de donde estaba su entrenador Harry Redknapp. Desde allí, animado por unas cuantas cervezas, Steve se pasó la primera parte del partido alentando a su equipo... e insultando a Lee Chapman.
Lee Chapman era un veterano delantero (34 años) fichado por el West Ham la temporada anterior procedente del Portsmouth. Steve Davies no le tenía en gran estima; mas bien todo lo contrario. Aquel día, Chapman, bien vigilado por los defensas del Oxford, no estuvo especialmente brillante, y "burro" e "inútil" fueron los calificativos más suaves que le dirigió Davies.

Harry Redknapp charla con Steve Davies (con gorra blanca)
Y entonces, ocurrió. Comenzada la segunda parte, Chapman se hizo un corte en la barbilla en una jugada y tuvo que dejar el campo, para alegría de Steve. Pero para Harry Redknapp, aquello era un problema, porque ya había hecho todos los cambios posibles en el descanso y ya no le quedaban jugadores. Así que, harto de aquel chico que no paraba de gritar detrás de él, se giró y, mirándolo directamente, le dijo Oye, chico, ¿sabes jugar tanto como hablar?.
Steve, asombrado, le respondió Claro que si. Redknapp insistió: ¿Quieres jugar?¿Crees que puedes hacerlo mejor que Chapman? Pues venga. Ante el asombro de todos, el entrenador le hizo saltar la valla y condujo a un aturdido Steve hasta el vestuario, donde le dieron un uniforme y unas botas. Rednapp le preguntó en que posición jugaba. Davies siempre había sido defensa, pero se dijo Ya que voy a jugar, voy a hacerlo de delantero. Y un par de minutos más tarde, ante la estupefacción de sus amigos y la ovación de los aficionados del West Ham, Steve, cuya experiencia como futbolista se reducía a algunos partidos entre amigos o con equipos no federados, saltaba al campo para jugar, llevando el número 3 a la espalda.
Steve se sentía como si estuviera soñando. No podía creerlo. ¡Estaba jugando con el West Ham!. Al principio pensaba que todo era una broma del entrenador, pero ahora, ya sobre el terreno de juego, estaba viviendo el sueño de todo niño, jugar con el equipo de su corazón, aquel cuyos colores había defendido toda su vida y cuyo escudo llevaba tatuado en un brazo. Los demás jugadores estaban confusos; los del West Ham, porque no tenían ni idea de quién era aquel tipo que ahora iba a jugar con ellos, y los del Oxford, por la súbita algarabía que se había apoderado de parte de los espectadores de repente. El encargado de la megafonía del campo fue a hablar con Redknapp para preguntarle el nombre del jugador que acababa de entrar y poder así anunciarlo. El entrenador, con un sentido del humor típicamente británico, le respondió: ¿No has visto la Copa del Mundo? ¡Es Tittyshev, el delantero búlgaro!.

Steve Davies en el momento de entrar en el campo
Nervioso al principio, Steve pensó "Bueno, no lo puedo hacer peor que Chapman. Sólo voy a hacer esto una vez, así que voy a disfrutarlo". Y no lo hizo del todo mal, para ser un jugador sin experiencia, que no estaba en muy buena forma, fumador habitual y con un par de cervezas en el cuerpo. Corrió cuanto pudo y peleó cada balón como si fuera el último. Y su gran momento llegó en el minuto 71. Una rápida internada del West Ham por la banda izquierda, un centro al área, y Steve, que pugnaba con dos defensas, se encontró de repente con el balón delante de él. Viendo la oportunidad, pateó la pelota con toda su alma y el balón se coló por la escuadra izquierda de la portería del Oxford. Steve, loco de alegría, corrió a a celebrar el gol... hasta que se dio cuenta de que el linier había levantado el banderín y el árbitro había anulado el gol por fuera de juego. Steve se dirigió al árbitro, le pasó el brazo por los hombros y le dijo entre risas Te has cargado mi sueño, bastardo. Pero la alegría de haber marcado un gol con su equipo fue para Steve "como si el tiempo se hubiera detenido, fue el mejor momento de mi vida".
Tras el partido, que terminó 5-2 a favor del West Ham, Steve se fue con el resto del equipo al vestuario. Los jugadores le felicitaron y Harry Redknapp le dijo Bien hecho, hijo, a lo que Steve replicó Vale, ¿me vais a hacer un contrato?. Pidió quedarse con la camiseta, pero el utillero le dijo que la necesitaban para el siguiente partido. Así que regresó junto a sus amigos, que lo recibieron con abrazos y felicitaciones, y volvió con ellos a casa.
Steve Davies contó lo sucedido esa misma noche en el pub al que solía acudir. Nadie le creyó; todo el mundo pensaba que se lo había inventado. Pero, entretanto, la historia había llegado a oídos de la redacción del periódico The Sun, que días más tarde la publicaría, con fotografías y todo, en su sección de deportes, provocando el asombro de todos los que conocían a Davies, empezando por su propia familia.
Tiempo después, Harry Redknapp publicó sus memorias, en las que hacía referencia a aquel partido. Steve, como no podía ser menos, acudió a la presentación del libro, y Harry le firmó un ejemplar con la dedicatoria "Para Steve. Fuiste mejor que Chapman".


La historia del aficionado que había jugado un partido con el West Ham se convirtió pronto en una de las historias más populares entre la hinchada hammer, hasta el punto de entrar en ese nebuloso espacio en el límite entre la realidad y las leyendas urbanas. Hasta que en 2013 un reportero llamado Jeff Maysh, que había escuchado la historia años atrás, se puso a investigar y dio con Steve Davies, que sigue recordando aquel día como uno de los mejores momentos de su vida, para contar su hazaña en un reportaje.

martes, 9 de agosto de 2016

La pelea más sucia de la historia del boxeo


Billy Collins Jr. era una de las grandes promesas del boxeo norteamericano a principios de los años ochenta del siglo pasado. Un chico nacido en 1961 en una familia de Tennessee humilde y trabajadora, muy vinculada al boxeo: su padre, Billy Collins, había sido un estimable púgil en los años 50 y 60, llegando incluso a pelear contra el campeón mundial del peso welter, Curtis Cokes. Billy Jr. había conocido el boxeo desde que nació, y no tardó en empezar a practicarlo. Su padre supo reconocer el talento que tenía y, bajo su guía y entrenamientos, encauzó esa habilidad para convertirlo en un excelente boxeador. Muy pronto los medios empezaron a hablar de aquel chico de Tennessee en el que había depositadas grandes esperanzas (muchos lo señalaban como un futuro campeón mundial del peso welter) y que además tenía un estilo muy atractivo para los espectadores: ofensivo y valiente, basado en golpear sin pausa al rival con un amplio repertorio de golpes, sin retroceder aunque ello le costase recibir algún que otro golpe de más. A mediados de 1983, Billy Jr. llevaba una impecable racha de 14 victorias en 14 combates, 11 de ellas por KO.


Su combate número 15 se celebraría el 16 de junio de 1983, en el mítico Madison Square Garden de Nueva York. Un combate que habría de servir como aperitivo del combate principal de la noche, el que enfrentaría al mítico boxeador panameño Roberto "Mano de Piedra" Durán y al norteamericano Davey Moore por el título de campeón mundial del peso superwelter. Su rival de esa noche era el púgil puertorriqueño Luis Resto; un boxeador de 28 años, con un amplio historial pero sin victorias de relumbrón. Era el tipo de rival que buscaba el padre de Collins para que su hijo siguiera progresando en su carrera: un boxeador duro y experimentado, curtido pero no lo suficientemente peligroso como para suponer una amenaza seria para la victoria de Billy. El mítico Muhammad Alí, presente en el estadio, pronosticaba una victoria sencilla de Billy Collins. Lejos estaban de sospechar los que asistían a la pelea que aquel iba a ser el último combate de ambos luchadores.


Desde el comienzo se vio que el combate no transcurría según lo esperado. Tras un inicio equilibrado, Resto tomó la iniciativa, infligiendo un severo correctivo a Billy Collins. Mientras que los golpes de éste parecían débiles e ineficaces, los de Resto resultaban sorprendentemente contundentes provocándole a Collins graves daños, especialmente en el rostro. En un descanso entre asaltos, las cámaras de la ABC, que retransmitía el combate, captaron a Billy diciéndole a su padre "Es mucho más fuerte de lo que pensé. Mucho más fuerte".
El castigo continuó durante varios asaltos, mientras el entrenador de Resto, Panama Lewis, se burlaba de Collins llamándole lento. Pese a sus graves heridas, Billy Collins se negó a suspender la pelea, y resistió en pie los diez asaltos, a pesar de que al final tenía los ojos tan hinchados que apenas veía. Al término del combate, los jueces declararon vencedor a Resto por unanimidad. La sorpresa era general. Un boxeador sin apenas nombre acababa de derrotar a uno de los más talentosos y prometedores púgiles de todos los EEUU. Resto lo celebraba exultante en su rincón mientras Collins, cabizbajo, trataba de asimilar su primera derrota mientras recibía atención médica.

Este era el aspecto de Billy Collins Jr. tras el combate
Luis Resto se acercó al rincón donde estaba su rival, como era costumbre, para saludarlo a él y a su equipo. En un determinado momento, Billy Collins padre tocó los guantes de Resto, y al momento supo que algo no estaba bien. Acostumbrado a utilizar guantes de boxeo durante toda su vida, se dio cuenta de que el tacto no era el que cabría de esperar de unos guantes normales. Mientras retenía a Resto, que trataba de escabullirse del ring, Collins pidió a gritos que los inspectores de la Comisión de Boxeo de Nueva York examinaran los guantes.
La posterior investigación determinó que los guantes de Resto habían sido manipulados. Alguien les había retirado la mayor parte del acolchado para que así los puñetazos de Resto fueran mucho más contundentes. Años más tarde, Resto confesaría que además las vendas que envolvían sus manos habían sido empapadas en agua con yeso, que al secarse se endureció aumentando el impacto de los golpes; literalmente, era como si Resto hubiese estado golpeando a Collins con una piedra. También admitió que su entrenador había añadido medicamentos para el asma a su agua, para de este modo aguantar la pelea en mejores condiciones.
Resto y Lewis fueron sancionados y expulsados a perpetuidad del mundo del boxeo, aunque años más tarde a Resto se le permitió ejercer como entrenador. También fueron juzgados y acusados de asalto, conspiración y posesión de un arma con intenciones criminales (los puños de Resto). Fueron condenados a tres y dos años de prisión, respectivamente. Se rumoreó que tras todo el plan había alguien más, alguien que quería aprovechar para ganar dinero y que se embolsó una cuantiosa suma apostando a favor de Resto.
Para Billy Collins aquella pelea supuso el final de su carrera como boxeador. Los gravísimos daños que habría sufrido en su cráneo, especialmente en los ojos (perdió parte de su visión) le imposibilitaron seguir boxeando. Eso le hizo caer en una profunda depresión que le llevó a un consumo excesivo de alcohol. Perdió varios empleos en poco tiempo, empezó a tener problemas con su esposa Andrea y, finalmente, el 6 de marzo de 1984, apenas nueve meses después de la pelea, Billy Collins Jr. moría después de que su coche se estrellara violentamente y a gran velocidad contra una atarjea del alcantarillado. Su familia siempre creyó que Billy se había suicidado, incapaz de superar la depresión provocada por el fin prematuro de su carrera.


El boxeador y su familia demandaron tras la pelea a Resto, a Lewis, a la promotora del combate, a los inspectores de la comisión, a los árbitros e incluso a Everlast, la empresa fabricante de los guantes de Resto, por su responsabilidad en los daños sufridos por Collins, pero la muerte de éste hizo que la demanda fuera sobreseída. Posteriormente, su padre y su viuda demandaron a la Comisión de Boxeo de Nueva York por no haber sido capaces de evitar los daños sufridos por Billy, pero esta demanda también fue desestimada, aunque más tarde se tomarían medidas de revisión más estrictas para impedir que un caso similar pudiera volver a suceder.


domingo, 7 de agosto de 2016

El bambino que dejó a España fuera del mundial del 54


En el año 1949 la FIFA eligió a Suiza como sede del Mundial de Fútbol del año 1954. Con media Europa devastada por la guerra (por eso el Mundial de 1950 se celebró en Brasil) Suiza era de los pocos países donde podía celebrarse un acontecimiento de esa magnitud.
La selección española veía con optimismo la celebración de ese mundial. De los cuatro mundiales disputados hasta la fecha, España había tenido dos meritorias participaciones en las ediciones de Italia '34 (quedando quinta clasificada) y Brasil '50 (cuarta). Había faltado a las de Uruguay en 1930 (los clubes se habían negado a ceder a sus jugadores por el larguísimo desplazamiento) y de Francia '38 (año en el que España estaba sumida en la cruenta Guerra Civil). Por eso, había grandes expectativas en torno a este mundial. Hasta entonces, las eliminatorias de clasificación se habían establecido por criterios de proximidad geográfica, con lo que España solía enfrentarse con su vecina Portugal. Pero en esta ocasión el criterio de la FIFA había cambiado y a España le correspondió en el sorteo enfrentarse a Turquía, selección de una entidad futbolística sensiblemente inferior a la lusa. En España se recibió con satisfacción el resultado, confiados en su potente equipo con nombres de la talla de Kubala, Gaínza, Puchades, Biosca, Pasieguito, Venancio, Segarra, Manchón o Carmelo.
El primer partido, celebrado en el estadio Santiago Bernabeu de Madrid el 6 de enero de 1954, pareció confirmar lo esperado. La selección española se mostró muy superior y se adelantó en el minuto 12 por mediación de Venancio. Ali Recep puso un momentáneo empate en el marcador en el minuto 31, pero en la segunda parte los españoles dejaron claro su dominio con tres goles más de Gaínza, Miguel y Alsúa II, dejando en el marcador el 4-1 definitivo.
Pero en el partido de vuelta, disputado en el estadio Midhat Pachá de Estambul el 14 de marzo, la historia fue distinta. Según las crónicas, la selección española jugó uno de los peores partidos de su historia y un solitario gol de Burhan en el minuto 15 le valió la victoria a los turcos. Como por aquel entonces se consideraba sólo el resultado del partido y no la diferencia de goles, se hizo necesaria la disputa de un partido de desempate en terreno neutral elegido por la FIFA.

László "Ladislao" Kubala Stecz (1927-2002)
El partido de desempate tuvo finalmente lugar en el Estadio Olímpico de Roma el 17 de marzo de 1954. Un partido rodeado de sucesos anómalos desde antes de comenzar. Poco antes del inicio del partido, la Federación española recibía un telegrama en francés aparentemente enviado por la FIFA que decía textualmente "Attention equipe espagnole situation jouer Kubala" y que parecía advertir de una supuesta irregularidad en la situación del jugador más destacado de la selección, el húngaro nacionalizado Ladislao Kubala quien, antes de lograr la nacionalidad española y debutar con la selección en un amistoso contra Argentina el 5 de julio de 1953, ya había defendido los colores de las selecciones de Hungría y Checoslovaquia. Aunque los españoles creían que la ficha de Kubala estaba en regla, el miedo a cometer una alineación indebida y ser descalificados les llevó a no alinearlo en aquel partido. Más tarde se supo que el telegrama era falso y no procedía de la FIFA. Nunca se averiguó quien había sido el responsable, pero se sospechó que se había tratado de una maniobra del entorno de la federación turca o de una venganza de la federación húngara.
En el partido, la selección española tampoco estuvo inspirada. Y no ayudó la actuación del árbitro, el italiano Giorgio Bernardi, que anuló dos goles a los españoles y permitió el juego brusco de los otomanos. España se adelantó en el minuto 18 por medio de Arteche, Burhan y Suat dieron la vuelta al marcador en los minutos 32 y 65, y ya cerca del final, en el minuto 79, el delantero del Atlético de Madrid Adrián Escudero hacía el empate a 2 definitivo. El marcador no se movería en la prórroga, y por aquel entonces no existían las tandas de penaltis, con lo que se convocó una reunión tras el partido. Mientras que los españoles eran partidarios de jugar un nuevo partido de desempate, la FIFA hizo cumplir el reglamento, que establecía que en la situación en la que se encontraban el equipo que se clasificaba debía decidirse por sorteo.
Para dicho sorteo se eligió como "mano inocente" a Luigi Franco Gemma, un niño de 14 años hijo de un trabajador del estadio. En una de las copas expuestas en las vitrinas del campo se introdujeron dos papeles, uno con el nombre de Turquía y otro con el de España. El niño, con los ojos vendados para mayor seguridad, introdujo su mano en la copa... y sacó la papeleta de los turcos. Jolgorio y celebración entre los turcos, que por primera vez lograban clasificarse para un mundial, y profunda decepción en la comitiva hispana.


Gemma, apodado "il bambino" fue saludado por los turcos como un héroe nacional. La Federación Turca de Fútbol le otorgó su Medalla de Oro y lo invitó, a él y a su familia, al Mundial, como parte de su expedición. Los otomanos no tuvieron demasiada suerte, ya que quedaron encuadrados en el Grupo B junto a Hungría y la República Federal Alemana, que a la postre serían los finalistas de aquel mundial. Turquía cosechó dos derrotas ante la RFA (4-1 en la competición ordinaria y 7-2 en un partido de desempate) y una contundente victoria por 7-0 frente a la endeble selección de Corea del Sur, quedando eliminada.