Verba volant, scripta manent

jueves, 3 de enero de 2013

Los Cuatro de Bridgewater

James Robinson y Vincent y Michael Hickey, el día de su puesta en libertad

La muerte del pequeño Carl Bridgewater conmocionó a la sociedad británica en 1978. Carl, de trece años, fué encontrado muerto en una granja cercana a Stourbridge, en el condado de Staffordshire, el 19 de septiembre de aquel año. Por lo que se pudo deducir, Carl repartía periódicos como todos los días cuando llegó a la granja llamada Yaw Tree Farm. La pareja de ancianos que vivía allí estaba ausente, y todo indica que Carl sorprendió a un ladrón en el interior de la casa, el cual, para no ser delatado le disparó a quemarropa en la cabeza con un rifle. El cuerpo de Carl fué descubierto poco después por un amigo de los propietarios.
El caso alcanzó gran popularidad y a la Policía se le exigió una resolución rápida, pero no había pruebas, y la presión popular aumentaba... Así hasta que, en noviembre, la Policía por fin echó mano a un sospechoso. Patrick Molloy, de 51 años y con numerosos antecedentes por robo, fué arrestado por haber robado en una granja no muy lejana a la escena del crimen de Stourbridge. No tardó a delatar a sus cómplices: James Robinson (45) y los primos Vincent (25) y Michael (16) Hickey. Pero la Policía siguió interrogando a Molloy durante días y de manera muy agresiva, tratando de que admitiera su implicación en el caso Bridgewater. A Molloy se le aplicó una ley promulgada unos años antes con el objetivo de luchar contra el terrorismo del IRA, que permitía a la Policía prolongar indefinidamente la prisión preventiva de un arrestado sin llevarlo a presencia de un juez ni proporcionarle un abogado. Una ley que había sido utilizada en otros casos de acusaciones falsas, como los famosos "cuatro de Guidlford". Tras diez días de interrogatorios, Molloy acabó firmando una confesión, y sólo cuando le dijeron (falsamente) que los Hickey le habían acusado a él de ser el asesino. La confesión de Molloy afirmaba que él se hallaba en el piso superior cuando oyó el disparo y al bajar se encontró al niño muerto, junto a sus tres compinches. Pero, en cuanto le concedieron un abogado, Molloy se retractó inmediatamente de su declaración y afirmó haberla firmado sólo por las presiones de la Policía. Los otros tres jamás admitieron  haber participado en el crimen.
Pese a que no había ningún tipo de prueba física, ni huellas, ni testigos, ni se halló el arma homicida, en febrero de 1979 los "cuatro de Bridgewater" fueron declarados culpables, basándose sólo en la confesión firmada por Molloy. El deseo de hallar un culpable, el terrible crimen del que eran acusados y el hecho de ser reconocidos delincuentes jugó en su contra. Robinson y Vincent Hickey fueron condenados a cadena perpetua, con un mínimo de 25 años entre rejas. Michael, menor de edad, era ingresado en un correccional. Y Molloy, acusado de complicidad, se libró con una condena de doce años. No le valió de mucho ser el condenado a una menor pena: murió en la cárcel en 1981, de un infarto.
Desde el momento en el que fueron condenados, los cuatro de Bridgewater no cesaron de proclamar su inocencia y solicitar una revisión del caso, llevando a cabo numerosas acciones reivindicativas, como huelgas de hambre o subirse a la azotea de la cárcel para llamar la atención sobre su caso. Apoyados desde fuera por un movimiento dirigido por Ann Whelan, madre de Michael Hickey, y el periodista especializado en temas judiciales Paul Foot, los tres supervivientes lucharon por una apelación que les fué denegada en primera instancia en marzo de 1989. Pero no se rindieron: siguieron luchando y la ansiada revisión del caso les fué concedida en 1995. Tuvieron que esperar aún a febrero de 1997 para que la justicia británica les declarara no culpables y los pusiera en libertad, tras 18 años en prisión. Se les compensó con 200000 libras a cada uno... aunque, en una decisión grotesca, a los Hickney se les descontó una cuarta parte de dicha indemnización en concepto de "comida y alojamiento". James Robinson murió en 2007, a los 73 años, a causa de un cancer de pulmón.
En la revisión del juicio quedó clara la ausencia total de pruebas contra los acusados. Pero más aún, se demostró que la declaración de Molloy había sido amañada: le habían presentado una declaración falsificada atribuída a Vincent Hickey para obligarle a confesar. El inspector John Perkins, responsable del interrogatorio de Molloy, había sido acusado mas tarde de utilizar pruebas falsificadas en al menos una veintena de casos. Y el llamado "Escuadrón de Crímenes Graves de West Midlands", responsable del caso Bridgewater y de otros casos graves de encarcelamientos injustos, como los conocidos "seis de Birmingham", fué disuelto en 1989. Se inició un proceso contra seis agentes implicados en el encarcelamiento de los cuatro de Bridgewater, pero fué archivado en 1998.
El asesinato de Carl Bridgewater permanece sin resolver. Algunos investigadores han apuntado, no obstante, el nombre de un sospechoso: Hubert Spencer. Spencer fué detenido tiempo después del asesinato de Carl, por haber matado a un hombre de 70 años llamado Hubert Wilkes, de la misma manera que lo había sido Carl: de un disparo a quemarropa en la cabeza con un rifle. Spencer había sido investigado como sospechoso: un testigo había visto el día del crimen un Vauxhall Viva azul aparcado cerca de la granja, en cuyo interior había un hombre vestido con una especie de uniforme. Spencer tenía un Vauxhall Viva azul y trabajaba de conductor de ambulancias, vistiendo un uniforme. Pero además, Spencer vivía en el pueblo de Wordsley, al igual que Carl Bridgewater. Hubert Spencer y Carl Bridgewater eran vecinos y se conocían, con lo que Carl lo habría identificado sin ninguna duda. No obstante, tras el arresto de Molloy se cerraron todas las demás vías de investigación, e incluso se hizo desaparecer la declaración del testigo del informe policial. Spencer estuvo encarcelado por homicidio desde 1980 hasta 1995, en que salió en libertad condicional; desde entonces, nada se ha sabido de él.


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