Verba volant, scripta manent

miércoles, 18 de abril de 2018

Las cartas de Madison

James Madison Jr. (1751-1836)

El recién elegido presidente de los EEUU George Washington dio su discurso inaugural ante el Congreso en el Federal Hall, la primera sede del parlamento norteamericano, en la entonces capital Nueva York, el 30 de abril de 1789. En aquel discurso, dado con una voz un tanto temblorosa que según un testigo dejaba traslucir un cierto avergonzamiento, Washington recalcaba que se sentía muy honrado por haber sido elegido para el cargo, aunque él personalmente nunca había aspirado a ocuparlo. También animaba al Congreso a compartir con él la responsabilidad de proteger su recién nacida república y defender "el sagrado fuego de la libertad". Lejos de generalidades y lugares comunes, la parte más significativa del discurso recomendaba a los congresistas recurrir al Artículo Quinto de la Constitución norteamericana (que faculta al Congreso para modificar la propia Constitución siempre y cuando obtenga una mayoría suficiente) para satisfacer las demandas de los ciudadanos norteamericanos (para los que pedía la "bendición divina"), como por ejemplo, una Declaración de Derechos; eso si, recomendando enmiendas que protegieran la libertad sin amenazar la existencia de un gobierno "unido y efectivo".

La inauguración del primer mandato presidencial de George Washington
Lo cierto era que Washington no había escrito aquel discurso. Hombre de por si poco elocuente, cansado, envejecido y un tanto agobiado por las responsabilidades de su nueva posición no buscada, temía no estar a la altura a la hora de componer su discurso inaugural ante el Congreso. Así que decidió pedirle a su íntimo amigo James Madison, mucho más hábil con la pluma, que lo escribiera por él. Madison, brillante teórico político (fue el principal redactor de la Constitución), aceptó su petición, y redactó aquel primer discurso. Pero claro, James Madison también formaba parte del Congreso, así que estaba presente mientras Washington recitaba las palabras que él mismo había escrito, sin decirle nada a nadie, por supuesto, para no menoscabar el prestigio de su amigo.

George Washington (1732-1799)
Sin embargo, no acabó ahí la cosa. Los congresistas decidieron que, ya que el presidente se había dirigido a ellos de manera directa en su discurso, era su deber corresponderle con una respuesta formal. Y a la hora de elegir entre ellos al responsable de escribir dicha respuesta, ¿quién mejor que James Madison, brillante escritor y además amigo personal del general Washington? Y así, Madison se encontró respondiendo en nombre del Congreso a su propio discurso, que había escrito en nombre de Washington.

Primera página del discurso inaugural de George Washington
Uno podría pensar que ahí habría terminado todo, pero no. Cuando Washington recibió la respuesta a su discurso (que, básicamente, se mostraba de acuerdo con todo lo dicho por Washington), el presidente quiso responder a su vez la carta del Congreso. ¿A que no adivináis a quién recurrió? Efectivamente, a James Madison. Y ahí tenemos a Madison continuando con esta suerte de autocorrespondencia, respondiendo a la carta que él había escrito como respuesta al discurso... que también él había escrito.

Y si creéis que aquí terminó todo... bueno, os diré que tras recibir la respuesta "de Washington" el Congreso decidió responderle de nuevo. Y para no variar la costumbre, Madison se encargó de la redacción de la misiva, que afortunadamente fue la última. Y de este modo, en los primeros días de la presidencia de George Washington, James Madison (quien luego sería el 4º presidente de los EEUU) mantuvo correspondencia consigo mismo en cuatro cartas bajo el nombre del presidente Washington y el Congreso de los EEUU. Y estaba tan avergonzado que no lo admitiría hasta muchos años después.

domingo, 15 de abril de 2018

¿Sabías que...

-... durante la redacción de la Declaración de Independencia de los EEUU, Benjamin Franklin sugirió cambiar en un pasaje la palabra "sagradas" por "evidentes", porque creía que la nueva nación debería estar basada en la razón y no en la fe?
-... David Choe, el  grafitero que pintó la primera sede de Facebook, cobró su trabajo en acciones de dicha empresa? El valor actual de esas acciones asciende a 200 millones de dólares.
-... en algunas granjas californianas emplean llamas en lugar de perros para proteger a los rebaños de ovejas del ataque de depredadores?
-... Josephine de Beauharnais, primera esposa de Napoleón, es antepasada de cinco casas reales europeas (Dinamarca, Noruega, Suecia, Bélgica y Luxemburgo) a través de los dos hijos que tuvo en su primer matrimonio?
-... solo hay tres mamíferos cuyas hembras pasan por el proceso de la menopausia: el ser humano, las orcas (Orcinus orca) y las ballenas piloto (género Globicephala)?
-... cuando el actor británico Daniel Craig comenzó a salir con su actual esposa, la también actriz Rachel Weisz, estaba prometido con otra mujer, la cual, al descubrirlo, se vengó cargando en su tarjeta de crédito gastos por valor de un millón de dólares?
-... el motor de un tanque M1 Abrams es capaz de funcionar con diesel, queroseno, combustible de aviación y gasolina de cualquier octanaje?
-... el puente internacional más pequeño del mundo es el que cruza el río Abrilongo y comunica la pedanía de El Marco (Badajoz) y el concelho portugués de Arronches? Mide 3'20 metros de largo y 1'45 de ancho.
-... Robin Williams se ofreció a interpretar a Hagrid en la saga de películas de Harry Potter, pero fue rechazado porque la autora de las novelas y los productores solo querían actores ingleses e irlandeses en ellas?
-... la mayoría de los aficionados que apoyan a las selecciones deportivas de Corea del Norte en sus encuentros fuera del país son por lo general chinos, voluntarios o contratados por el gobierno norcoreano, ya que los naturales de aquel país, salvo contadas excepciones, no tienen permitido viajar al extranjero?
-... en toda la trilogía de El Señor de los Anillos no hay ninguna escena en la que dos personajes femeninos hablen entre si?
-... hasta el año 1948 el refresco 7-Up contenía citrato de litio, un estabilizador del estado de ánimo que se emplea para tratar la depresión y el trastorno bipolar?

domingo, 8 de abril de 2018

Los hermanos von Blücher

De izquierda a derecha:
Leberecht Wilhelm Konstantin Wolf Axel Graf von Blücher (13/4/1922-21/5/1941)
Hans-Joachim Gebhard Leberecht Graf von Blücher (23/10/1923-21/5/1941)
Wolfgang Henner Peter Leberecht Graf von Blücher (31/1/1917-21/5/1941)

Son relativamente populares los casos de hermanos como los Niland, los Borgstrom o los Sullivan, que cayeron combatiendo en el bando aliado durante la Segunda Guerra Mundial. Pero también hubo su equivalente entre las tropas del Eje. Uno de los casos más conocidos es el de los tres hermanos von Blücher, quienes además cayeron el mismo día (21 de mayo de 1941) y en el mismo escenario, la invasión de la isla de Creta por las tropas aerotransportadas alemanas.

El 25 de abril de 1941 Adolf Hitler firmaba la Directiva 28 ordenando la invasión de Creta en una operación con el nombre clave de Operación Merkur. La operación había sido planeada por el general Alexander Löhr, comandante de la 4ª Flota Aérea (Luftflotte 4), y el general Kurt Student, comandante de las tropas aerotransportadas alemanas (Fallschirmjäger). Una maniobra absolutamente novedosa: por primera vez en la historia se producía un ataque a gran escala utilizando únicamente tropas de paracaidistas, sin el apoyo de tropas de tierra. Creta era una posición estratégica, ya que poseía puertos excelentes, como La Canea y Heraclion, y desde sus aeródromos la aviación británica podía alcanzar tanto Italia y el sur de Europa (incluidos los vitales campos petrolíferos rumanos) como el norte de África, desde Egipto hasta Libia. En aquel momento, había en la isla unos veintisiete mil soldados británicos, australianos y neozelandeses, y catorce mil griegos, pero muchos de ellos habían llegado evacuados tras la caída de Grecia, carecían de armamento pesado, y andaban cortos de suministros. Frente a ellos se desplegaron unos 25000 alemanes, la mayoría paracaidistas y de regimientos de montaña. La operación fue más larga y costosa de lo que los alemanes habían previsto: los combates no cesaron hasta el 1 de junio y, pese a la victoria final alemana, perdieron entre muertos, desaparecidos y heridos a siete mil hombres de unidades de élite, unas pérdidas que enfurecieron a Hitler, que a partir de entonces prohibió más operaciones de este tipo.

Entre los soldados alemanes que tomaron parte en la Operación Merkur se encontraban los hermanos von Blücher, Wolfgang (24 años), Leberecht (19) y Hans-Joachim (17). Pertenecían a una familia de la alta aristocracia prusiana, de larga e ilustre tradición militar: eran descendientes del mariscal Gebhard Leberecht von Blücher, comandante de las tropas prusianas en la batalla de Waterloo. Los tres formaban parte del 1º Regimiento de Paracaidistas, donde Wolfgang tenía el rango de oberleutnant (teniente) y jefe de pelotón, Leberetch era cabo y Hans-Joachim, soldado raso. Wolfgang se había alistado en los fallschirmjäger en enero de 1940, mientras que Leberecht lo había hecho en enero de 1941, convencido por su hermano tras dejar la Marina, y Hans-Joachim, que admiraba profundamente a Wolfgang, lo hizo unas semanas más tarde, con el permiso de su madre por ser menor de edad.

El 1º Regimiento tenía como objetivo aterrizar en las cercanías de Heraclion, rodear la ciudad y tomar el aeródromo cercano. Sin embargo, el intenso fuego de los británicos provocó que solo una parte de los hombres del Regimiento llegaran a lanzarse sobre su objetivo, y que muchos grupos se dispersaran. Wolfgang fue el único de los tres hermanos que logró saltar en aquella primera oleada y, al mando del 3º Batallón de la 2ª Compañía del 1º Batallón del Regimiento, aterrizó al este del aeródromo, pero no llegó a tiempo a participar en su toma, llevada a cabo por el 2º Batallón, al mando del capitán Burckhardt. Esa misma noche, el comandante del 1º Batallón, el mayor Erich Walther, asignó a von Blücher y su pelotón a las tropas del comandante del Regimiento, el general Bruno Bräuer.

Obituario de los hermanos von Blücher en un periódico alemán, junio de 1941
A la mañana siguiente, el pelotón de von Blücher, tras adelantarse al resto de los hombres de Bräuer, cayó en una emboscada y quedó rodeado por tropas de la célebre Guardia Negra, el 3º Batallón del Regimiento Real de Infantería de Escocia. Soportando el fuego de los blindados británicos y a punto de quedarse sin munición, solicitaron ayuda a Bräuer, el cual ordenó a Walther acudir en su ayuda; pero éste no pudo enviar tropas en su auxilio. Fue el hermano menor de Wolfgang, Hans-Joachim, el que trató de llegar hasta él. Hans-Joachim, de solo 17 años, entraba en combate por primera vez y había llegado a la isla esa misma mañana, junto al otro hermano, Leberecht, como parte de la segunda ola de paracaidistas, formada por tropas que no habían podido saltar la mañana anterior. Hans-Joachim, confiando en su habilidad como jinete, se hizo con un caballo y trató de abrirse paso a través de las líneas británicas llevando municiones para el pelotón de su hermano, y casi lo consiguió: ya había dejado atrás a los británicos y estaba cerca de llegar a la posición de los suyos, cuando jinete y montura cayeron abatidos por el fuego enemigo. Wolfgang, que había sido testigo del suceso, quedó desolado cuando supo que se trataba de su hermano pequeño. Como dato curioso, los habitantes de la zona afirmaban que en las décadas posteriores varias personas habían visto en las proximidades de donde murió el joven Hans-Joachim a un jinete fantasmagórico con su caballo.


El pelotón de Wolfgang, sin posibilidad de recibir ayuda, acabó quedándose sin municiones y fue casi en su totalidad exterminado por los británicos. También Wolfgang cayó, y fue condecorado de forma póstuma con la Cruz de Hierro. El tercero de los hermanos, Leberecht, también en su primera misión como paracaidista, murió ese mismo día al quedar atrapado entre el fuego cruzado de los blindados británicos, aunque su cuerpo nunca se recuperó. Fue el general Bräuer en persona el que, semanas más tarde, comunicó a la madre de los tres jóvenes, Gerturd von Nordheim, viuda desde 1924, su muerte. Un cuarto hermano, Adolf, que servía en la Kriegsmarine, fue licenciado y regresó a su casa para hacerse cargo del patrimonio familiar. Desgraciadamente, él también moriría en 1944, en un trágico accidente mientras cazaba ciervos en un bosque de Mecklemburgo.


En 1974, los cuerpos de Wolfgang y Hans-Joachim fueron enterrados juntos en una tumba del Cementerio de Guerra Alemán, en una colina cercana al aeródromo de Maleme, en presencia de su hermana, Gertrud, cuyos hijos recibieron los nombres de sus tíos. Dado que el cuerpo de Leberecht nunca se encontró, su nombre figura en una placa en el mismo cementerio junto al de otros soldados desaparecidos.

domingo, 1 de abril de 2018

El Hombre Elefante

Joseph Carey Merrick (1862-1890)

Joseph Carey Merrick nació en Leicester el 5 de agosto de 1862, hijo de un humilde matrimonio formado por Joseph Rockley Merrick, un cochero, y su esposa Mary Jane, una antigua sirvienta. El pequeño Joseph fué un bebé sano y perfectamente normal al nacer, pero a los 18 meses comenzó a desarrollar los primeros síntomas de la enfermedad que habría de deformar su cuerpo, condicionando toda su existencia. A los cuatro o cinco años ya presentaba parches de piel rugosa y endurecida (parecida a la del elefante), abultamientos y desarrollo anormal en los tejidos de cráneo y extremidades, especialmente en su brazo derecho, que acabó por adquirir un tamaño desproporcionado.

El origen de las deformidades de Merrick ha sido atribuido a lo largo de los años a diversas causas. El propio Merrick lo atribuía a un susto que un elefante de un circo dio a su madre cuando estaba embarazada de él. Los médicos lo han atribuido en distintas épocas a enfermedades como la filariasis (provocada por un gusano parásito de origen tropical) o la neurofibromatosis, y en la actualidad hay un consenso general a la hora de considerar el de Merrick como el caso más extremo conocido del llamado síndrome de Proteus, una enfermedad de origen genético que provoca el crecimiento anómalo de distintos tejidos. ninguno de sus dos hermanos menores, William (muerto de escarlatina a los 4 años) y Marion (fallecida a causa de una mielitis a los 24) mostró nunca síntomas parecidos a los de Joseph.

En sus difíciles primeros años, cuando su mal provocaba la curiosidad o el rechazo de los extraños, Joseph contó siempre con el cariño y el apoyo incondicionales de su madre, que cuidaba siempre de él y le animó a seguir acudiendo a la escuela. Pero en 1873, cuando el pequeño apenas contaba 10 años, Mary Jane Merrick falleció a causa de una bronconeumonía ("La mayor tristeza de mi vida", diría años más tarde). Privado de su principal apoyo y de la persona que más cariño le había dado, la vida de Joseph empeoró sensiblemente. Su padre (que había abierto una mercería en torno a 1870) no tardó en volver a casarse, con una mujer también viuda y con hijos. Su nueva familia nunca escondió el profundo desprecio que sentía hacia Joseph, al que su madrastra acusaba de ser una carga para la familia. Finalmente, su padre lo sacó de la escuela a los trece años y lo puso a trabajar en una fábrica de tabaco, donde permaneció dos años, hasta que sus problemas físicos le imposibilitaron seguir liando cigarrillos y fue despedido. Entonces, su padre le consiguió una licencia de vendedor ambulante y lo puso a vender artículos de su mercería en un carrito por las calles de Leicester, pero con escaso éxito: su aspecto físico ahuyentaba a los posibles clientes. Como apenas conseguía dinero, al volver a casa solía ser maltratado, física y verbalmente, por sus padres y hermanastros, lo que le llevó a escaparse en varias ocasiones, aunque siempre volvía porque su padre salía a buscarlo y le prometía tratarlo mejor; algo que jamás cumplió.

Finalmente, cuando contaba quince años, tras sufrir una nueva paliza a manos de su padre, Joseph se escapó de casa. Tras vivir en la calle algunos días, fue acogido por su tío Charles Merrick, dueño de una modesta barbería, que desaprobaba profundamente el trato que su hermano había dado a su sobrino (las relaciones entre ambos se enfriaron notablemente desde aquel momento). Según reconocería más tarde Joseph, su tío Charles y su esposa fueron los únicos miembros de su familia, además de su madre, que lo trataron con cariño y respeto. Vivió con ellos dos años, tratando de ganarse la vida como vendedor, hasta que en 1879 perdió su licencia, a causa de una queja de los demás vendedores ambulantes de la ciudad, que opinaban que daba "mala imagen" al gremio. Sin trabajo, y estando su tía embarazada, Joseph consideró que era una carga demasiado pesada para sus tíos, y deseando dejar de serlo, pese a la oposición de su tío, ingresó en una workhouse.

Las workhouses eran instituciones públicas en las que los vagabundos y otras personas incapaces de mantenerse eran alojadas y alimentadas a cambio de su trabajo. Sin embargo, las condiciones allí eran tan duras, que pasadas doce semanas se marchó voluntariamente para tratar de encontrar empleo. Pero tras dos días de búsqueda infructuosa, se dio cuenta de que nadie lo contrataría con su aspecto, así que tuvo que regresar a la workhouse, donde permanecería cuatro años. Durante ese tiempo, le operaron para extirparle una protuberancia carnosa en forma de trompa que tenía sobre el labio superior, y que le dificultaba poder hablar y comer.

En 1884, Merrick decidió que la única vía para poder dejar la workhouse era exhibirse en los espectáculos de curiosidades, aunque a él no le gustaba demasiado la idea. Escribió a un promotor de Leicester llamado Sam Torr ofreciendo sus servicios. Torr aceptó la propuesta y comenzó a exhibir a Merrick como "El Hombre Elefante, Mitad Hombre Mitad Elefante" en Leicester, Nottingham y alrededores, antes de llevarlo a Londres para la temporada de invierno. En Londres Merrick pasó a depender de Tom Norman, un promotor especializado en espectáculos de fenómenos y curiosidades, y aunque en un principio Norman temió que el aspecto de Merrick fuera demasiado espeluznante para tener éxito, comenzó a exhibirlo en una trastienda en Whitechapel Road.

Pese a que la exhibición de Merrick pudiera considerarse algo denigrante, él no guardaba malos recuerdos de esa época. Se ganaba la vida (el espectáculo era razonablemente exitoso, y también la venta de un panfleto titulado La autobiografía de Joseph Carey Merrick, que contaba su vida a grandes rasgos), incluso pudo ahorrar algo de dinero, pudo viajar por Inglaterra (aunque para evitar alborotos, salía poco, y cuando lo hacía iba disfrazado con una máscara y una amplia capa que ocultaba su figura) e incluso hizo amistad con otros "fenómenos" como él, gente acostumbrada a vivir al margen de la sociedad a los que no importaba especialmente el aspecto de Joseph.

Sir Frederick Treves (1853-1923)
Fue durante su estancia en Londres cuando por primera vez tuvo contacto con el doctor Frederick Treves. Treves era un eminente cirujano, experto en anatomía, y autor de la primera apendicectomía de la historia de la medicina. Además era un estudioso de todo lo relativo a las deformidades corporales, y por aquel entonces ejercía su profesión en el London Hospital, situado a escasa distancia del local donde Merrick era exhibido. Treves supo de él a través de un colega y acudió de inmediato a ver a Merrick, quedando hondamente impresionado. Sus hábiles ojos de cirujano descubrieron de inmediato la cicatriz de la operación que había sufrido en el rostro, y deseoso de examinar más de cerca a Merrick, entregó una tarjeta suya a Norman para que fuera a su hospital, donde lo llevarían a su presencia sin hacer preguntas.

Merrick acudió al hospital en varias ocasiones, venciendo su natural timidez, y Treves lo examinó a conciencia, tomando medidas de sus miembros e inspeccionando las numerosas tumoraciones que presentaba por todo su cuerpo. Durante ese tiempo Merrick, tímido y un tanto cohibido por el lugar donde se encontraba, apenas dijo nada, y Treves creyó erróneamente que tenía un cierto retraso mental. Merrick fue fotografiado e incluso presentado en un encuentro de la Sociedad Patológica de Londres, y eventualmente dejó de acudir a sus encuentros con Treves, ya que, según dijo a Norman, se sentía "como un animal en un mercado de ganado". Antes de separarse, Treves le dio su tarjeta de visita, por si más adelante lo necesitaba.

El Hombre Elefante continuó con su exhibición hasta la primavera de 1885, en la que la policía londinense la clausuró. Los espectáculos como el de Merrick ya no eran apreciados como antes, cada vez más gente se mostraba opuesta a ellos, y además los espectadores que esperaban su turno para verlo provocaban molestias a los transeúntes. Merrick pasó entonces a formar parte de la feria ambulante de Sam Roper, que sin embargo empezó a tener los mismos problemas. Ante el descenso del interés del público y la cada vez mayor presión de las autoridades, Roper traspasó el contrato de Merrick a un promotor de origen italiano apellidado Ferrari, quien pretendía exhibirlo por Europa. Merrick y Ferrari partieron hacia el continente en junio de 1886.

Pero en la Europa continental se encontraron con los mismos problemas. El espectáculo de Merrick, considerado de muy mal gusto, apenas atrajo espectadores, y jueces y policías vigilaban las actuaciones de Joseph, que a menudo eran cerradas al poco de comenzar. Finalmente, ante el nulo beneficio que obtenía, Ferrari se dio a la fuga, y no solo no pagó a Merrick lo que le había prometido, sino que además huyó llevándose los escasos ahorros (unas 50 libras) de éste, que Joseph, confiado, le había entregado para que se las guardase, como había hecho anteriormente con sus jefes británicos.

Abandonado en un país extraño, sin conocer el idioma, sin recursos y sin nadie a quien recurrir, Merrick se las arregló para vender algunos de sus objetos personales y reunir dinero suficiente para pagarse un billete en ferry de vuelta a Gran Bretaña. En Ostende no encontró a nadie que lo admitiera, así que tuvo que viajar a Amberes, donde un capitán aceptó llevarle, a condición de que viajara escondido en la cubierta y sin relacionarse con el resto del pasaje (el viaje se hizo de noche, con unas temperaturas bajísimas, lo que hizo que Merrick contrajera una bronquitis). Desembarcó en el puerto de Harwich y de allí tomó un tren a Londres, llegando a la estación de Liverpool Street el 24 de junio de 1886.

Sin dinero y sin nadie a quien acudir, Merrick pensó que su única opción era regresar a Leicester y entrar de nuevo en la workhouse, una opción que detestaba pero a la que no veía alternativa. Sin embargo, en la estación su aspecto llamaba mucho la atención y no tardó en formarse a su alrededor un círculo de curiosos a su alrededor. Merrick, tímido por naturaleza, se vio incapaz de alejarse de toda esa atención hasta que un policía acudió en su ayuda, dispersó a los mirones y lo condujo a una sala de espera. Merrick, todavía alterado y con dificultades para hacerse entender, recordó que todavía llevaba encima la tarjeta del doctor Treves, y se la entregó al policía, quien dio aviso al médico. Treves supo de inmediato de quién se trataba y acudió a la estación, se hizo cargo de Merrick y lo ingresó en el London Hospital, alojándolo en una de sus habitaciones.

El esqueleto del Hombre Elefante
Con Merrick bajo sus cuidados Treves pudo examinarlo de manera más cuidadosa. Descubrió que en los dos años que habían pasado desde su anterior encuentro la salud de Merrick se había deteriorado. La cojera que sufría (fruto de los daños en una cadera causados por una caída cuando era niño) se había agravado, su estado general era peor y además Treves sospechaba que sufría algún tipo de enfermedad cardíaca. Treves, además, descubrió con sorpresa que Merrick no era retrasado, como había pensado, sino que al contrario, era un hombre inteligente y educado, amable y bondadoso, un hombre que a pesar de todo lo que había sufrido a lo largo de su vida no albergaba ira ni resentimiento. Entre ambos acabó por surgir una buena amistad. Pero quedaba pendiente el asunto del alojamiento de Merrick. El London Hospital no trataba casos crónicos como el suyo, y aunque el director del hospital, Francis Carr Gromm, había apoyado a Treves en su decisión de acoger a Merrick, éste no podía quedarse de manera indefinida sin costear sus cuidados. Ningún otro asilo u hospital quiso hacerse cargo de él, y Merrick llegó a sugerir que lo enviaran a un asilo para ciegos o a un faro.

Finalmente, a Gromm se le ocurrió enviar una carta a The Times contando el caso de Merrick y solicitando donaciones para poder seguir ocupándose de él. La respuesta a la carta, publicada en 4 de diciembre de 1886, fue entusiasta, y el hospital recibió un gran número de donaciones que permitirían a Merrick seguir residiendo el resto de su vida allí. Se acondicionó para él un pequeño alojamiento de dos habitaciones en el sótano, donde era visitado con frecuencia por Treves, con el que mantenía largas charlas. Entretenía su tiempo construyendo maquetas de cartón, fabricando cestos (tenía una gran habilidad para ello, aun cuando solo podía utilizar una mano), leyendo (era un lector compulsivo, especialmente de novelas románticas, su género favorito) y escribiendo (su mano izquierda estaba libre de tumores, lo que le permitía escribir y tener cierta autonomía). Mantenía correspondencia con varias personas, entre ellas la célebre actriz Madge Kendall, a la que nunca llegó a conocer en persona, pero que tras saber de su caso se había mostrado muy activa organizando recogidas de donaciones para él. Merrick solía terminar sus misivas con un poema, adaptación de otro titulado "Falsa Grandeza" del sacerdote de la iglesia congregacional Isaac Watts, que decía así:

Es cierto que mi forma es muy extraña
Pero culparme a mi es culpar a Dios
Si pudiera crearme de nuevo a mi mismo
No fallaría en complacerte

Si pudiera alcanzar de polo a polo
O abarcar el océano con mi mano
Sería medido por mi alma
La mente es la medida del hombre

También se hizo frecuente que Merrick recibiera visitas, mayormente de personas de la alta sociedad que se interesaban por su caso, y que generalmente quedaban gratamente impresionadas por su cortesía y amabilidad. Una de las visitas que recibió fue la de Alejandra de Dinamarca, princesa de Gales, quien pidió verle durante una visita al hospital y que dejó a Merrick hondamente impresionado.

Joseph Merrick pasó sus últimos cuatro años de vida en aquel hospital. Pasaba la mayor parte del tiempo en sus habitaciones, aunque por la noche le gustaba salir a un pequeño patio adyacente. De vez en cuando tenía la ocasión de salir. Una vez Kendall y Treves arreglaron que pudiera asistir a una representación teatral navideña, oculto en un palco privado, que le encantó hasta el punto de que se pasó semanas hablando de ella. En varias ocasiones pudo pasar algún tiempo en el campo, merced a la generosidad de la baronesa Knightley, en cuya casa de campo se alojó.

Pero la salud de Merrick siguió deteriorándose. Sus tumores seguían creciendo y él se mostraba cada vez más agotado. Pasaba la mayor parte del tiempo descansando, y cada vez requería de mayores cuidados, hasta que la mañana del 11 de abril de 1890 fue hallado muerto en su cama. Tenía 27 años y la causa de su muerte se determinó como asfixia o bien desnucamiento, debido al enorme peso de su cabeza. Hacía muchos años que Merrick no podía dormir acostado, por el riesgo de que sus deformidades oprimieran su tráquea y le asfixiaran; tenía que hacerlo sentado, y en una determinada postura. Se consideró que, o bien se había quedado dormido estando acostado, o bien que el peso de su cabeza había hecho que se inclinara repentinamente y se habría desnucado.

La gorra con capucha que Merrick utilizaba
Tras su muerte, su amigo el doctor Treves preparó y montó su esqueleto, que todavía se conserva en la colección de patología del hospital. También conservó muestras de tejidos del cuerpo, que podrían haber ayudado a identificar su enfermedad, pero lamentablemente resultaron destruidos durante un  bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. El esqueleto no se expone al público, pero en el museo del hospital todavía se conservan algunos objetos suyos: cartas, objetos personales, maquetas de cartón hechas por él e incluso la gorra con la que se cubría para ocultar su aspecto.  En 1923 Treves publicó un libro de memorias, El Hombre Elefante y otros recuerdos, hablando de Merrick y de su relación con él, aunque contenía algunas inexactitudes con respecto a su vida.

domingo, 18 de marzo de 2018

La captura del Mephisto

El Mephisto, poco después de su captura por las tropas australianas

Los primeros tanques británicos hicieron su aparición en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial en septiembre de 1916. Los alemanes, que a diferencia de británicos y franceses no tenían proyecto alguno para la construcción de vehículos de ese tipo, no tardaron en ordenar el desarrollo de un blindado de características similares. El proyecto, tras pasar por varios departamentos, acabó en manos de un comité del Allgemeines Kriegsdepartement, 7 Abteilung (Verkehrswesen) (Departamento General de Guerra, 7ª División, Transporte), el cual encomendó el diseño a Joseph Vollmer, ingeniero, capitán en la reserva y uno de los diseñadores de automóviles más prestigiosos de Alemania.

El resultado de trabajo de Vollmer y su equipo fue el Sturmpanzerwagen A7V. Este tanque de casi siete metros y medio de largo, más de tres de altura y treinta toneladas de peso, montaba dos motores Daimler de 4 cilindros, de 200 CV cada uno, en un chasis universal que también sirvió para construir el Überlandwagen, un vehículo de transporte todoterreno del que se fabricarían 56 unidades. Su tracción estaba basada en la de los tractores norteamericanos Holt, algunos de los cuales eran empleados por el ejército austríaco para mover sus piezas de artillería más pesadas. El A7V iba armado con un cañón de 57 mm (curiosamente, la mayoría de los cañones montados por estos tanques eran británicos, capturados por los alemanes en Bélgica o Rusia) y seis ametralladoras de 7.92 mm. Su blindaje frontal tenía 30 mm de ancho y el de los laterales, 20.

Überlandwagen
Del A7V se llegaron a fabricar una veintena de unidades, los únicos tanques alemanes que llegaron a participar en la Primera Guerra Mundial (solo para hacer una comparación, los franceses construyeron más de 3600 solo del modelo Renault FT y los británicos, 2500 de los modelos Mark I al V). Dos unidades específicas, las Unidades de Tanques de Asalto 1 y 2, cada una con cinco oficiales y 109 suboficiales y soldados, fueron creadas para acogerlos. Cada tanque tenía un nombre propio (Siegfried, Herkules, Lotti...) e iba decorado en sus paredes exteriores. La mayoría lucía la cruz patada, emblema del imperio alemán, y una calavera con unos huesos cruzados, aunque las tripulaciones de cada uno solían añadir símbolos y dibujos por su cuenta. La tripulación estándar de los A7V, más numerosa que la de sus equivalentes británicos, estaba compuesta de 18 personas: el comandante (generalmente, un teniente), el conductor, dos mecánicos (uno de ellos encargado de las comunicaciones) y catorce soldados para manejar el cañón y las ametralladoras (siete artilleros y siete cargadores).


Las condiciones que las tripulaciones alemanas debían soportar, al igual que las británicas, distaban mucho de ser fáciles. El funcionamiento de los motores y el uso de las armas podía elevar la temperatura interna por encima de los 50º. El comandante y el conductor se sentaban en la cúpula, justo encima del motor, por lo que para protegerse del calor necesitaban llevar trajes aislantes impregnados de asbesto. Los gases de la combustión y el humo de la pólvora volvían casi irrespirable el aire del interior del tanque, hasta el punto de que no era raro que tripulaciones enteras se desmayaran por el calor y la falta de oxígeno.

Los A7V tuvieron su bautismo de fuego el 21 de marzo de 1918, en un combate contra tropas británicas al norte del Canal de Saint-Quentin. Uno de los tanques que tomó parte en aquella acción fue el número 506, que había recibido el nombre de Mephisto y cuya tripulación había pintado en uno de sus costados un demonio burlón que llevaba bajo el brazo un tanque británico. Sin embargo, la guerra terminaría pronto para el Mephisto. Su siguiente intervención fue durante la Segunda Batalla de Villers-Bretonneux (24-25 de abril de 1918). Ese enfrentamiento, donde tuvo lugar el que se considera el primer combate entre tanques de la historia, comenzó con una ofensiva alemana sobre la localidad de Villers-Bretonneux, en el Somme, cerca de Amiens, seguida de un contraataque llevado a cabo por unidades británicas y australianas que consiguió rechazar a los alemanes y retomar el pueblo. Durante los combates, el Mephisto cayó accidentalmente en el cráter de un impacto de artillería, y ante la imposibilidad de sacarlo de allí, su tripulación se vio obligada a retirarse, dejando al blindado abandonado en tierra de nadie.

Miembros del 26º Batallón en Bélgica (1 de enero de 1919). El mayor Robertson es el sexto por la izquierda en la primera fila.
El Mephisto quedó así inmovilizado durante varios meses hasta que hizo su aparición el mayor James Alexander Robertson, comandante del 26º Batallón de la 7ª Brigada del ejército australiano, una unidad formada mayoritariamente por soldados originarios del estado de Queensland. Robertson trazó un plan para rescatar el tanque alemán y llevarlo tras las líneas aliadas. No había ninguna razón, estratégica ni de otro tipo, para dicha acción; el tanque no suponía ninguna amenaza. Se trató, mas bien, de una especie de "desafío deportivo", un reto a los alemanes y una demostración de valor. Y así, el 22 de julio de 1918, trece hombres del 26º (el sargento F. R. Hanson y los soldados J. Battley, G. Bradley, T. Clark, H. J. Dray, E. J. Frost, A. W. Heit, J. J. Kennedy, T. M. Kingston, R. J. Lewis, A. G. Masters, W. Sam, y G. H. White), apoyados por dos blindados británicos, lograban sacar al Mephisto de su atolladero y llevarlo a territorio aliado, pese a los disparos de las ametralladoras alemanas y a un ataque con gas mostaza.

Tras su captura, el tanque fue llevado al campo de entrenamiento que el 5º Regimiento británico de Tanques tenía en Vaux-en-Amiénois, y posteriormente a Poulainville, donde permaneció hasta octubre de 1918. Durante ese tiempo, numerosos soldados aliados llenaron al Mephisto de todo tipo de inscripciones, nombres, frases y dibujos, entre ellos una especie de "contrapartida" al dibujo original del demonio que lucía: un león coronado británico, con su garra derecha sobre un tanque A7V alemán.


El Mephisto sería luego llevado a Merlimont, y más tarde embarcado en Dunkerque rumbo a Londres. Allí se decidió que fuera llevado a Australia como botín de guerra; el 2 de abril de 1919 fue embarcado en el puerto de Tilbury a bordo del mercante neozelandés SS Armagh, que llegó el 6 de junio a Brisbane. El 22 de agosto dos apisonadoras pertenecientes al Ayuntamiento de Brisbane arrastraron al tanque a su definitiva localización, el Museo de Queensland (les llevó 11 horas recorrer apenas 3 kilómetros).

La mayor parte de los A7V que sobrevivieron a la guerra fueron desguazados en los años posteriores, lo que convirtió al Mephisto en el último superviviente de dicho modelo. Permaneció expuesto al aire libre durante años, teniendo que soportar las inclemencias del tiempo y el vandalismo de algunos visitantes (que llegaron a llevarse algunas de sus partes) hasta que finalmente fue trasladado al interior del museo.

El Mephisto en el Museo de Queensland
Tras las graves inundaciones que sufrió Brisbane en 2011, el Mephisto fue retirado de su emplazamiento para su restauración. Posteriormente, y aunque se dijo que regresaría al Museo donde había permanecido casi un siglo, fue depositado temporalmente en el Museo del Ferrocarril de Ipswich, y luego expuesto en el Centro Conmemorativo de Guerra Australiano en Canberra entre 2015 y 2017. Actualmente, vuelve a estar alojado en el Museo del Ferrocarril de Ipswich, esperando su regreso al Museo de Queensland.

El Wotan
En la actualidad, el Mephisto es el único tanque alemán de la Primera Guerra Mundial que se conserva (el cañón del A7V 504 Schnuck se exhibe en el Museo Imperial de la Guerra en Manchester). En 1988, Alemania construyó una réplica de un A7V, basándose principalmente en los planos del Mephisto. Esta réplica, llamada Wotan, se exhibe en la actualidad en el Deutsches Panzermuseum de Munster.

jueves, 8 de marzo de 2018

Fotografías históricas (XII)


Freddie Mercury en los brazos de su madre (1947).



Los legendarios forajidos Bonnie Parker y Clyde Barrow, fotografiados poco antes de morir tiroteados (Joplin, Missouri, 1934).



El soldado norteamericano John L. Drugan y "Pal", un perro del ejército que salvó a un pelotón de una emboscada localizando un nido de ametralladoras japonés oculto (Okinawa, 1945).



El impacto de un kamikaze japonés en el costado del crucero pesado británico HMS Sussex (1945).



El primer matrimonio interracial de la historia de Mississippi (3 de agosto de 1970).



Una mujer musulmana cubre con su velo la estrella amarilla de la ropa de su vecina judía para protegerla (Sarajevo, 1941).



Un escalador sorprendido por la erupción del monte St. Helens (Washington, 18 de mayo de 1980).



El 30 de mayo de 1960, durante la celebración de las 500 millas de Indianápolis, una grada provisional se vino abajo debido al exceso de peso. Dos espectadores murieron y más de 80 resultaron heridos.



El papa Pablo VI viendo el aterrizaje del Apolo XI en la Luna (20 de julio de 1969).



La destilería Guinness en Dublín (1910).



El jefe de escuadrón de la RAF James MacLachlan posa junto a su avión Hawker Hurricane. MacLachlan, apodado "Mac Un Brazo" había perdido el brazo izquierdo en un combate en febrero de 1941, pero volvió al servicio con un miembro protésico. El avión está decorado con su emblema, su brazo amputado haciendo la V de la Victoria. MacLachlan moriría en 1943, a los 24 años de edad, abatido sobre suelo francés, con 16 derribos en solitario, uno compartido y tres aviones enemigos dañados.



El Hughes H-4 Hercules, el mayor hidroavión de la historia y el avión con mayor envergadura jamás construido (97'54 metros). Sólo voló en una ocasión, una distancia de apenas 1'5 kilómetros.



Una niña irlandesa, que participa en un funeral católico, en presencia de tropas británicas (Derry, Irlanda del Norte, 1972).



Mina ilegal de oro en el Amazonas (Brasil, década de 1980).



La mano de un capitán de barco marcada con las siglas SS (slave stealer, ladrón de esclavos) por haber tratado de ayudar a escapar a esclavos fugitivos de Florida a Massachussets (1845).



La décima convención del Partido Comunista de EEUU (Chicago, mayo de 1938).



Douglas Fairbanks levanta en vilo a Charles Chaplin durante un acto en Wall Street para promocionar la compra de bonos de guerra (octubre de 1918).



El transbordador norteamericano Atlantis acoplado a la estación espacial rusa MIR (1995).

domingo, 25 de febrero de 2018

El tenista asesino

Marie Giraudin (1850-1914) y Vere Thomas St. Ledger Goold (1853-1909)

La primera edición del torneo de tenis de Wimbledon se celebró en 1877, organizado por un grupo de miembros del selecto club privado All England Lawn Tennis and Croquet Club, que buscaban reunir fondos para llevar a cabo algunas reformas en el campo de croquet en el que jugaban habitualmente. Ante el éxito del torneo, se decidió que se celebrara anualmente. Por aquel entonces se trataba de un acontecimiento deportivo reservado solo a personas de elevada clase social; se exigía a los aspirantes a participar "conducta intachable y residir en buenas direcciones".

Uno de los deportistas que tomó parte en la tercera edición del torneo, la de 1879, fue Vere Thomas St. Ledger Goold, un joven caballero irlandés. Cumplía de sobra los estrictos requisitos para participar en el torneo; pertenecía a una familia irreprochable y de elevado status económico, era hijo de un magistrado del condado irlandés de Waterford, nieto del barón Goold y bisnieto del conde de Kenmare. Como buen caballero victoriano, era además un destacado sportman; había sido un notable boxeador y luego se había decantado por el tenis, llegando a ser campeón del Abierto de Irlanda. St. Ledger tuvo una destacada participación en aquel año, disputando la final, que perdió ante el sacerdote anglicano John Thorneycroft Hartley.

Vere Thomas en su época de tenista
A partir de aquel momento, la carrera deportiva de St. Ledger decayó considerablemente y acabó dejando el deporte en torno a 1885. Por aquel entonces se había instalado en Londres y tenía serios problemas de alcoholismo y adicción al opio, aunque quienes trataban con él lo describían como un hombre culto, educado y de modales encantadores. Ese mismo año conoció a madame Marie Giraudin, una mujer francesa, doblemente viuda y propietaria de una casa de modas, con la que se acabaría casando en 1891. Según algunas fuentes, Giraudin era una cazafortunas de la que se rumoreaba que bajo la tapadera de su negocio se dedicaba a otro tipo de negocios mucho menos lícitos. Si era cierto que se había casado con el caballero irlandés atraída por sus distinguidos apellidos y la riqueza de su familia, debió de llevarse un disgusto cuando descubrió que St. Ledger sólo tenía derecho a recibir una pequeña parte de la fortuna familiar.

El matrimonio se instaló en una mansión en el West End londinense, donde durante algunos años llevó una vida de lujo extravagante, hasta que se les acabó el dinero. En 1897, tras dejar de pagar el alquiler de su casa, el propietario descubrió que la pareja había desaparecido, tras haber vendido casi todo el mobiliario de la mansión. Los Goold habían huido a Canada, donde Marie regentó una casa de modas en Montreal. El negocio resultó ser muy rentable, pero de nuevo su estilo de vida derrochador les llevó a tener problemas financieros, y en 1902 regresaron a Inglaterra, haciéndose llamar sir Vere Thomas y Lady Goold. En Liverpool regentaron una lavandería, y en 1905 volvieron a trasladarse, esta vez a Montecarlo.

En la capital monegasca se dedicaron a alternar con lo más selecto de la jet set europea. Frecuentaban el famoso Casino, siempre impecablemente vestidos y pagando sus facturas con regularidad para no llamar la atención. Su sobrina, Isabelle Giraudin, que les acompañaba, fue descrita como "una de las bellezas de la temporada". En aquellas fechas conocieron a Emma Levin, una mujer de mediana edad y de origen danés, viuda de un acaudalado comerciante de Estocolmo. La señora Levin no tardó en caer en las redes del matrimonio, que no tardó en engatusarla para invertir en un "negocio" muy productivo: según ellos, Marie había desarrollado un método infalible para hacer saltar la banca del Casino de Montecarlo. Sólo les faltaba el dinero para ponerlo en marcha, y la señora Levin accedió a prestárselo, entregándoles varios miles de francos en efectivo y varias joyas de gran valor, pese a que su amiga madame Castellazzi, otra viuda acaudalada instalada en la ciudad, le aconsejó encarecidamente que no lo hiciera.

Como era de esperar, el famoso sistema resultó ser un fracaso absoluto, así que el matrimonio recurrió de nuevo a la señora Levin solicitándole un nuevo préstamo en agosto de 1907. Esto enfureció a madame Castellazzi, la cual llegó a enfrentarse públicamente al matrimonio en el mismo salón del Casino, generando un notorio escándalo. A raíz de esa discusión y de las numerosas murmuraciones que generó, el matrimonio Goold decidió abandonar Montecarlo y regresar a Inglaterra, reservando billetes para ambos desde la estación de Marsella a Londres para el día 6 de agosto. Pero a la vez que la pareja dejaba la ciudad, madame Castellazzi acudía muy alarmada a la policía a denunciar la desaparición de la señora Levin, que había acudido al hotel donde se alojaban los Goold y no había regresado.

La policía acudió al hotel donde se había alojado el matrimonio, para encontrar en su habitación un espectáculo inquietante: gran cantidad de sangre salpicando suelo y mobiliario, así como una sierra y un martillo también manchados de sangre. Mientras, los Goold habían llegado en tren a la estación de Marsella, donde requirieron los servicios de un mozo para que se hiciera cargo de un baúl y un bolso de mano y los depositara en la consigna. Pero el mozo se dio cuenta de que del arcón salía un olor desagradable y goteaba algo que parecía sangre. Los Goold alegaron que en el baúl había varios pollos recién sacrificados, pero su excusa no convenció a nadie y, pese a sus protestas, se avisó a los gendarmes, los cuales abrieron su equipaje y hallaron el cadáver descuartizado de la señora Levin.


Vere Thomas alegó tras ser arrestado que la autora de la muerte de Levin era madame Castellazzi: según él, había irrumpido en la habitación mientras le pedían un préstamo y la había asesinado en un arranque de furia. Luego, los Goold habían tratado de esconder el cadáver para no verse involucrados. Por supuesto, nadie creyó esa versión. Más tarde acusaría a su esposa, pero los investigadores concluyeron que el crimen sólo podía haber sido llevado a cabo por dos personas. Nunca se reveló el motivo del asesinato, pero parece ser que el motivo de la visita de la señora Levin había sido reclamar la devolución del dinero que les había prestado.

El juicio se celebró en Montecarlo y duró tres días, en los que declararon una treintena de testigos. El veredicto se leyó el 4 de diciembre de 1907. Vere Thomas fue condenado a cadena perpetua y enviado a la tristemente famosa prisión de la Isla del Diablo, en la Guayana, donde se suicidaría el 8 de septiembre de 1909. Su esposa Marie fue condenada a la pena de muerte, aunque luego la pena sería conmutada por la de cadena perpetua. Falleció de tifus en la prisión de Montpellier en 1914.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Pequeñas historias (XV)

John L. Sullivan disputó el título de los pesos pesados de boxeo sin guantes el 8 de julio de 1889 en Richmond (Mississippi). Sullivan llegó al combate, según él mismo confesó, tras 36 horas sin dormir y habiendo pasado la noche anterior bebiendo y alternando en distintos locales. Durante el combate se dedicó a beber whisky y té en su rincón entre asalto y asalto, e incluso llegó a vomitar durante el asalto 44. Sin embargo, acabó proclamándose campeón en el asalto 75, cuando su rival, Jake Kilrain, se retiró, demasiado agotado y magullado como para seguir peleando.
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En 1787, un grupo de amigos de George Washington celebró una fiesta de despedida en su honor después de que dejara la presidencia de la Convención Constitucional de Philadelphia, unos días antes de que la Constitución norteamericana fuera firmada. En dicha fiesta se consumieron 54 botellas de vino de Madeira, 60 botellas de vino de Burdeos, 22 botellas de cerveza porter, 12 botellas de cerveza corriente, 8 botellas de sidra, 8 botellas de whisky y ocho grandes poncheras de ponche alcohólico. Los asistentes, incluido el propio Washington, fueron solo 55 personas.
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A mediados del siglo III d. C. un mercader romano que había sido sorprendido vendiendo joyas falsas fue condenado por el emperador Galieno a enfrentarse a un león sobre la arena del circo. Pero cuando las puertas de la jaula del supuesto león se abrieron, solo apareció un pequeño pollo. Entonces Galieno proclamó que el mercader "había practicado el engaño, y ahora el engaño había sido practicado sobre él".
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En 1767, durante su segunda circunnavegación, la fragata británica HMS Dolphin hizo escala en Tahití. Cuando sus marineros descubrieron que las mujeres locales estaban dispuestas a intercambiar sexo por hierro, comenzaron a arrancar los clavos de la estructura del barco. Este "intercambio" llegó a ser tan intenso que la pérdida de clavos llegó a poner en peligro la integridad estructural del barco.
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Vladimiro I el Grande (958-1015), príncipe de Nóvgorod y Gran Príncipe de Kiev, pasó la primera parte de su vida siendo pagano hasta que, ya cerca de la treintena, decidió convertirse. Dudando si hacerlo al cristianismo o al islam, envió a varios emisarios a estudiar las religiones de sus países vecinos, y finalmente decidió hacerse cristiano, en buena parte debido a que el islamismo prohíbe el alcohol. "Beber -dijo- es la alegría de todos los rusos. No podemos existir sin ese placer".
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El ex-jugador de la NBA Reggie Harding, que medía 2'13 metros, atracó una vez una gasolinera de Detroit, cubierto con una máscara. El dependiente le dijo "Sé que eres tú, Reggie" a lo que Harding contestó "No, tío, no soy yo".
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En 2009, el físico Stephen Hawking celebró una fiesta de puertas abiertas, pero sólo lo hizo público después de celebrarla, de modo que sólo los viajeros en el tiempo podían haber asistido a ella. Como esperaba, nadie acudió.
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El primer gobernante que se convirtió al budismo fue el emperador Ashoka, que reinó en la India entre el 268 y el 232 antes de Cristo. Durante su reinado prohibió la esclavitud y la pena de muerte, abogó por el entendimiento entre las diferentes religiones, defendió la igualdad de ambos sexos en la educación y las instituciones religiosas, ordenó cavar pozos y plantar árboles al borde de los caminos para beneficio de los viajeros, donó grandes sumas de dinero para que personas y animales de su reino y de los reinos vecinos recibieran tratamiento médico y promulgó edictos contra la crueldad con los animales.

domingo, 11 de febrero de 2018

Aimo Koivunen y el Pervitin


Estamos en el 18 de marzo de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial. Una patrulla de soldados finlandeses sobre esquíes está en misión de reconocimiento en la región que rodea a la ciudad de Kantalahti (para los rusos, Kandalaksha). Al avanzar, caen en una emboscada de las tropas soviéticas en la ladera de una colina llamada Kaitatunturi. Los soviéticos tratan de rodearlos, pero los fineses logran eludir el cerco y, tras un intenso intercambio de disparos, logran huir perseguidos de cerca por sus enemigos.

La situación de los finlandeses es peliaguda. Huyendo sobre esquíes por un terreno agreste cubierto de nieve, con temperaturas de -20º y acosados por los soldados soviéticos, el que abre la marcha sobre la nieve virgen es un joven soldado de 26 años llamado Aimo Koivunen. Poco a poco, Koivunen nota cómo sus energías disminuyen y el cansancio crece, pero sabe que no puede detenerse porque sus perseguidores siguen muy próximos. Y entonces recuerda que lleva encima el suplemento de Pervitin que sus superiores le han proporcionado a su unidad.

El Pervitin era un derivado de la metanfetamina fabricado por la farmacéutica berlinesa Temmler, muy popular en Alemania. Durante la Guerra, los jerarcas nazis proporcionaron grandes cantidades de esta droga a las tropas alemanas: entre sus efectos estaban aumentar la concentración y la autoconfianza, disminuía la sensación de cansancio y la sensibilidad al dolor, el hambre y la sed y permitía soportar largos periodos de vigilia sin perder la atención. Por ello, los alemanes y sus aliados se la proporcionaban a sus tropas a pesar de sus efectos secundarios: confusión, ansiedad, insomnio, alucinaciones, comportamiento agresivo, trastornos del carácter y, en algunos casos, taquicardias que podían desembocar en un ataque al corazón.

Koivunen nunca ha confiado demasiado en la ayuda de estimulantes, pero ante la gravedad de la situación no tiene otra opción. No es fácil sacar una sola pastilla mientras esquías a gran velocidad, así que Koivunen acaba por volcar en su mano el contenido íntegro del recipiente (unas 30 pastillas) y se las toma de golpe.

Aimo Allan Koivunen (1917-1989)
Los efectos son casi instantáneos. Koivunen siente que sus energías se restablecen y empieza a esquiar con nuevos bríos. Pero muy pronto empieza a notar también unos desagradables efectos secundarios. Nota como su campo de visión se distorsiona y cómo su consciencia se debilita. Poco antes de perder totalmente el sentido, piensa que ha cometido el primer y quizá el último error de su misión.

Sus siguientes recuerdos son de la mañana siguiente. Ha seguido esquiando, en estado casi catatónico, y ha recorrido unos 100 kilómetros sobre la nieve. Se ha separado del resto de su unidad, está sin municiones ni comida. Su situación es muy grave y sigue teniendo que lidiar con los efectos de la sobredosis de anfetaminas. Durante los siguientes días, Koivunen alterna periodos de delirio y alucinaciones con otros de debilidad extrema y sueño prolongado. Durante dos semanas vaga por los bosques eludiendo a las patrullas soviéticas, resulta herido por la explosión de una mina y recorre unos 400 kilómetros, siempre con temperaturas de entre -20 y -30º. Una semana entera la pasó escondido en un refugio que excavó en la nieve, esperando poder volver encontrarse con los suyos. Y durante todo ese tiempo, se alimentó únicamente de brotes de pino y de un pequeño arrendajo que consiguió capturar y que se comió crudo.

Cuando por fin fue rescatado por el ejército finlandés, tras dos semanas perdido, fue llevado inmediatamente a un hospital. Allí comprobaron que su pulso era de 200 pulsaciones por minuto y su peso corporal había bajado a 43 kilos. Los efectos de la sobredosis aún tardarían en desaparecer por completo, y el caso de Aimo Koivunen se convirtió en uno de los primeros casos documentados de sobredosis de anfetaminas en la historia médica de Finlandia, además de una de las anécdotas más populares de los comandos finlandeses durante la guerra.

domingo, 4 de febrero de 2018

El accidente del Clipper Eclipse

Lockheed L-049 Constellation

El 18 de julio de 1947, el vuelo 121 de la Pan Am, en ruta de Calcuta a Nueva York, comenzó a tener problemas mecánicos mientras sobrevolaba Oriente Medio. El avión, un cuatrimotor Lockheed L-049 Constellation apodado Clipper Eclipse, que ya había sufrido una avería seria en un vuelo anterior, había partido de Karachi (Pakistán) a las 3:37 de la tarde, y tenía previsto llegar a Estambul unas diez horas y media más tarde. A bordo iban 36 personas: 26 pasajeros y 10 tripulantes. El piloto era el capitán Joseph Hart Jr.

Cuando había transcurrido aproximadamente la mitad del vuelo, el capitán Hart decidió abandonar la cabina para tomarse un descanso, dejando los controles al tercer oficial, un joven piloto de 25 años que durante la guerra había volado en 89 misiones de bombardeo en el frente del Pacífico, alcanzando el rango de capitán. Aquel joven no tenía asignadas funciones en el vuelo, ya que se encontraba en lo que en jerga se conoce como "deadheading": un empleado de la compañía que viaja como un pasajero común para incorporarse a su puesto. Pero aún así, el capitán Hart consideró oportuno dejarlo a los mandos mientras descansaba.

Al poco de que el capitán se retirara, el motor número 1 comenzó a fallar debido a un problema con el balancín de escape, que obligó al piloto a desconectarlo. Hart, de vuelta en su puesto, decidió continuar viaje con el motor apagado, ya que el avión podía seguir volando con solo tres motores y no se fiaba de los aeródromos locales, de los que creía que no serían capaces de reparar la avería lo suficientemente rápido. Sin embargo, el exceso de trabajo hizo que los restantes motores empezaran a recalentarse, obligando a la tripulación a disminuir la altitud de vuelo para enfriarlos y a reducir su potencia para no someterlos a tanto esfuerzo.

A eso de las diez de la noche, el avión emitió una llamada por radio a los aeródromos más cercanos informando de su situación y de los problemas a bordo. La base de la RAF en Habbaniyah, a unos 90 kilómetros al oeste de Bagdad, les ofreció sus instalaciones para aterrizar, pero Hart, de nuevo preocupado con la posibilidad de que no pudieran reparar allí su avión, decidió seguir adelante.

A las 11:30 de la noche, sin embargo, una alarma saltó en la cabina: el motor número 2 se había sobrecalentado de una manera peligrosa. Los sistemas contraincendios no funcionaron, y muy pronto el motor comenzó a arder. Sabiendo que no aguantarían mucho en el aire, Hart intentó llegar al aeropuerto sirio de Deir-ez-Zor para efectuar un aterrizaje de emergencia, ordenó enviar un mensaje de socorro y envió al tercer oficial para advertir al pasaje de que se prepararan para un posible accidente. El joven procuró tranquilizar a los pasajeros, repasó con ellos las medidas ante un aterrizaje de emergencia y ordenó a los tripulantes ocupar sus asientos y prepararse para el choque, y luego se sentó junto a una joven que viajaba sola y estaba visiblemente alterada, intentando calmarla.

El motor número 2 continuó ardiendo hasta que acabó por desprenderse del ala y caer al vacío. El combustible que escapaba por los conductos ahora rotos extendió el incendio por toda el ala y, a eso de las tres y media de la mañana del día 19, hora local, el avión se estrellaba en el desierto sirio, cerca del río Éufrates y no muy lejos del pueblo de Mayadin. El choque partió en dos la aeronave, y quince personas (ocho pasajeros y siete tripulantes) murieron y varias más resultaron heridas de diversa consideración. En cuanto al joven tercer oficial, pese a tener dos costillas rotas y otras heridas, estuvo ayudando a evacuar a los supervivientes del avión, hasta que el fuego se extendió por todo el aparato.

El capitán Hart y el resto de la tripulación de la cabina habían muerto en el choque. Solo tres tripulantes habían sobrevivido: el sobrecargo, un auxiliar de vuelo y el tercer oficial, lo que convertía a éste en el único oficial de vuelo superviviente y lo colocaba al mando de la situación. Mientras atendían a los heridos, vio a lo lejos una línea de telégrafo y envió a dos equipos de dos personas siguiendo la línea en ambas direcciones, buscando algún lugar habitado. Uno de aquellos grupos volvió tras encontrar una población que resultó ser Mayadin. El tercer oficial, pese a sus heridas, recorrió más de seis kilómetros por el desierto hasta llegar a Mayadin sobre las ocho de la mañana del día 19, y pudo encontrar un teléfono desde donde dio aviso del accidente al aeropuerto de Deir-ez-Zor. El ejército sirio envió enseguida tropas que los rescataron antes del mediodía. Los heridos de mayor gravedad fueron evacuados por avión a Beirut mientras que los que tenían heridas menos serias fueron atendidos en el hospital de la misión presbiteriana de Deir-ez-Zor y luego trasladados a Damasco. La mayoría de los supervivientes del accidente regresaron a Estados Unidos el día 23, salvo el tercer oficial, que tuvo que quedarse un par de semanas en Siria para colaborar con las autoridades en la investigación del accidente.

La investigación oficial del accidente llevada a cabo por el Civil Aeronautics Board (CAA), que se cerró en febrero de 1948, eximió de toda responsabilidad a los miembros de la tripulación; es más, elogió la actuación de los tres tripulantes supervivientes. Culpó en cambio a la Pan Am, por su poca diligencia al no haber sustituido el motor 2 (el que se había incendiado) que ya había sufrido anteriormente diversos fallos.

Eugene Wesley "Gene" Roddenberry (1921-1991)
Aquel joven piloto renunciaría a su empleo en la Pan Am poco después del final de la instrucción sobre el percance. El accidente (el tercero que sufría en su vida) le había cambiado; ya no deseaba seguir pilotando, y estaba decidido a cumplir un viejo sueño que había estado aplazando algún tiempo: convertirse en escritor y guionista de cine y de televisión. Se llamaba Eugene Roddenberry (aunque casi todo el mundo le llamaba Gene) y había nacido en El Paso (Texas) en 1921. Tras mudarse a Los Angeles y trabajar durante algunos años para el Departamento de Policía, logró por fin alcanzar la meta que se había fijado y convertirse en guionista. Y tras escribir guiones para numerosas series de televisión, en 1966 ideó y escribió una de las series más famosas e influyentes de la historia de la televisión: Star Trek.