Verba volant, scripta manent

sábado, 22 de julio de 2017

Carlos Káiser, el mayor fraude de la historia del fútbol

Carlos Henrique Raposo, "Káiser"

En la larga lista de caraduras que nos ha dado la historia del deporte, el brasileño Carlos Henrique Raposo figura en un lugar destacado. Este simpático personaje demostró que para ganarse la vida como futbolista a veces saber jugar es lo de menos.

A Raposo, nacido en Río de Janeiro el 2 de abril de 1963, le apodaban "Káiser" porque decían que se parecía (en el físico, no en lo futbolístico) al legendario líbero alemán Franz Beckenbauer. Como buen brasileño, le apasionaba el fútbol y soñaba con ser jugador profesional, pero la naturaleza no lo había bendecido con el talento necesario. Pero Carlos tenía otras habilidades. Extrovertido, simpático, con don de gentes, sabía hacerse amigo de las personas adecuadas, especialmente futbolistas y gente del mundo del fútbol.

Su primera oportunidad como profesional le llegó con 23 años, en 1986, en el Botafogo de Río de Janeiro. Y fue gracias a Mauricio de Oliveira, amigo íntimo suyo desde la infancia y que acababa de fichar por el club carioca. Mauricio era un buen jugador (llegaría a ser internacional con Brasil) y en el club tenían gran confianza en él, así que no le fue difícil convencerlos de que ficharan a su amigo. El resumen de esa temporada para Káiser: cero partidos jugados y más tiempo en la enfermería que en el campo de entrenamiento. Él mismo confesó su método: "Hacía algún movimiento raro en el entrenamiento, me tocaba el muslo, y me quedaba 20 días en el departamento médico. En esa época no existía la resonancia magnética. Cuando los días pasaban, tenía un dentista amigo que me daba un certificado de que tenía algún problema. Y así, pasaban los meses”.

Su temporada en blanco no fue obstáculo para que al año siguiente fichara por otro de los equipos clásicos de Río, el Flamengo, donde jugaba otro de sus amigos futbolistas, el gran Renato Gaúcho, internacional en 43 ocasiones con la selección brasileña. El propio Renato hablaba así de Carlos: "Káiser era un enemigo del balón. En el entrenamiento acordaba con un colega que le golpeara, para así marcharse a la enfermería". Una de las estratagemas que utilizaba para darse importancia era hablar en "inglés" por uno de aquellos enormes teléfonos móviles de la época (que entonces era un objeto de lujo), supuestamente con clubes europeos interesados en contratarle. Luego resultaría que el teléfono era de juguete y sus charlas en inglés eran chácharas sin sentido. De nuevo, cero partidos jugados. Eso si, no perdía el tiempo a la hora de seguir cultivando valiosas amistades y acudía con frecuencia a discotecas y locales de moda frecuentados por futbolistas.

De izquierda a derecha, Carlos Káiser, Renato Gaúcho y Luis Tofoli "Gaúcho", en los carnavales de Río de Janeiro
Al año siguiente, a Káiser le tentó la aventura internacional y fichó por el Puebla mexicano. Hay que entender que por aquel entonces no había la saturación de información que hay hoy en día. Muchos fichajes se hacían por referencias de terceros, sin haber visto al jugador en directo. Y Carlos Káiser contaba con el aval de haber jugado en dos de los equipos más prestigiosos de Brasil y de poder presentar varios artículos periodísticos alabando su cualidades. Artículos que, por supuesto, habían escrito periodistas amigos suyos, a cambio de regalos o información interna de sus equipos. En México estuvo unos meses, sin llegar a debutar, antes de poner rumbo a EEUU y enrolarse en las filas del modesto El Paso Sixshooters, de la cuarta división del fútbol norteamericano.

En 1989 estaba de vuelta en Brasil, en las filas del Bangu, también en Río de Janeiro, donde llegó a debutar y (dice la leyenda) a marcar un gol. Allí tuvo lugar otra de las geniales anécdotas que jalonan su carrera de engaños. En un partido en el que, debido a las numerosas bajas que tenía el equipo, Káiser estaba convocado, el Bangu perdía 2-0 cuando el presidente del club, Castor de Andrade, un sujeto turbio vinculado al mundo de las apuestas clandestinas, ordenó al entrenador que sacara a un delantero. El único disponible era Káiser, y le mandaron ponerse a calentar. Káiser, viéndose en la tesitura de tener que salir a jugar, se dirigió a un aficionado rival, lo insultó y comenzó una discusión que desembocó en pelea. El jugador fue expulsado sin tan siquiera saltar al campo y, cuando Andrade le pidió explicaciones en el vestuario, Káiser le dijo, entre lágrimas: "Dios me dio un padre y me lo quitó, y luego me dio otro (refiriéndose a él). Así que nunca voy a permitir que digan que mi padre es un ladrón" Andrade, emocionado, le prolongó el contrato seis meses más.

Sus compañeros de equipo, por supuesto, se daban cuenta de que Káiser era un fraude, que no tenía ni idea de jugar al fútbol. Otro de sus amigos futbolistas, el defensa Ricardo Rocha, que llegó a jugar en el Real Madrid, decía entre risas: "Es un gran amigo, una excelente persona. Pero no sabía jugar ni a las cartas. Tenía un problema con el balón. Nunca lo vi jugar en ningún equipo. Te cuenta historias de partidos, pero nunca jugó un domingo a las cuatro de la tarde en Maracaná, estoy seguro" "El único problema de Carlos era el balón. Él decía que era delantero, pero era un delantero tan completo que nunca marcó y nunca dio una asistencia de gol. Siempre decía estar lesionado. Cuando la pelota estaba a la izquierda, él se iba a la derecha y viceversa. No tenía talento para jugar, pero era muy, muy buena persona. Todo el mundo le quería mucho". Era normal que todo el mundo lo quisiese. Él sabía ganarse el aprecio y la confianza de sus compañeros. Una de las cosas que hacía era, cuando el equipo se concentraba en un hotel, alquilar algunas habitaciones un par de pisos por debajo de las suyas y llenarlas de chicas. "De noche nadie huía de la concentración. Todo lo que teníamos que hacer era bajar las escaleras".


Tras acabar su contrato con el Bangu, Káiser tuvo breves pasos por el Palmeiras y el Guaraní. Casi siempre pedía firmar el contrato más corto, por unos meses; cobraba las primas y se las arreglaba para disimular su falta de talento hasta que el contrato expiraba. Y llegó el momento en el que a Káiser se le presentó la oportunidad de "jugar" en el fútbol europeo. Su "víctima" fue el equipo francés del Ajaccio. Para un club modesto como el corso, la contratación de un jugador brasileño suponía un hito. Káiser fue presentado en un estadio a rebosar de hinchas y se preocupó; si le pedían que diera unos toques al balón, como es costumbre al presentar a un jugador, todos se darían cuenta de que no sabía jugar al fútbol en su primer día. Pero a él nunca le faltaban recursos. Lo que hizo fue ir pateando todo balón que se le ponía por delante hacia la grada, para regalárselos a los aficionados, a la vez que saludaba y se besaba el escudo de la camiseta. Los hinchas enloquecieron; sin haber jugado ni un minuto, Carlos Káiser se los había ganado. Permaneció toda la temporada en el Ajaccio, jugando con cierta regularidad, aunque casi siempre saliendo del banquillo y jugando los últimos minutos.

De vuelta en Sudamérica, Carlos Káiser afirma haber jugado en el Fluminense (otro de los clubes importantes de Río), donde habría llegado a participar en 15 encuentros; y en el Independiente de Avellaneda argentino. Sin embargo, ambos clubes lo niegan y no hay ningún registro oficial que lo pruebe. Si parece que pasó por el América de Río antes de cerrar su carrera en el modesto Guarany de Camaquã, con 39 años. En toda su carrera, según sus cuentas, no habría jugado "más de 20 o 30 partidos".

En 2011, Carlos Káiser reveló en una entrevista al programa deportivo Esporte Espectacular los detalles de su inusual carrera futbolística, alardeando de sus "hazañas" y de su amistad con numerosos futbolistas conocidos, como Carlos Alberto Torres (campeón del mundo con Brasil en 1970), Luis Tofoli "Gaúcho", Romario, Bebeto o Edmundo. En ningún momento se mostró arrepentido de sus engaños: "No me arrepiento de nada. Los clubes han engañado y engañan mucho a los futbolistas: alguno tenía que vengarse por todos ellos". Palabra de Káiser, que en la actualidad trabaja como entrenador personal.

miércoles, 19 de julio de 2017

Fotografías históricas (VIII)


Marina Ginestà, miliciana comunista de 17 años, fotografiada el 21 de julio de 1936 en la terraza del Hotel Colón de Barcelona por el fotógrafo alemán Hans Gutmann.



El destructor USS Shaw hace explosión tras ser bombardeado durante el ataque a Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941).



El primer vuelo del aeroplano de los hermanos Wright (17 de diciembre de 1903).



Un agente de policía multa a una mujer por llevar bikini en una playa de Rímini, Italia (1957).



La devastación tras el gran incendio de Jacksonville (Florida), el 3 de mayo de 1901, donde murieron 7 personas y resultaron destruidos más de 2300 edificios.



10 de noviembre de 1943. El teniente Walter L. Chewning trepa sobre los restos incendiados de un avión F6F-3 Hellcat que acaba de estrellarse sobre la cubierta del portaaviones USS Enterprise, rumbo al atolón de Makin, para rescatar a su piloto, el alférez Byron Johnson, atrapado en la cabina. Ambos resultaron ilesos.



Las Vegas (1906).



El pintor Pablo Ruiz Picasso recibe al ex-presidente de los EEUU Harry S. Truman en su casa de Vallauris (1958).



Winston Churchill, sentado en la que había sido la silla de Adolf Hitler, junto a varios soldados británicos y soviéticos, en el exterior de la Cancillería del Reich en Berlín (1945).



Las Fernie Swastikas, un equipo femenino de hockey sobre hielo, fundado en la ciudad canadiense de Fernie en 1922, antes de que la esvástica tuviera las siniestras connotaciones que tiene hoy en día.



La familia Bin Laden de vacaciones en Suecia en 1971. Osama es el segundo por la derecha.



Los reporteros Sean Flynn (hijo del actor Errol Flynn) y Dana Stone en Camboya, el 6 de abril de 1970. Ese mismo día ambos fueron capturados por guerrilleros comunistas y nunca se volvió a saber de ellos.



La tripulación del bombardero B-29 "Waddy's Wagon" posa delante de sus caricaturas pintadas en el costado de la aeronave, el 24 de noviembre de 1944. El avión y su tripulación desaparecieron sin dejar rastro el 9 de enero de 1945, durante una misión sobre territorio japonés.



El "Leviatán de Parsonstown", que fue el mayor telescopio del mundo entre 1845 y 1917 (Condado de Offaly, Irlanda, 1885).



"Almuerzo en un rascacielos". Un grupo de trabajadores almuerza suspendidos a más de 250 metros de altura, durante la construcción del Edificio RCA (1932).



Algunos de los mejores jugadores de béisbol de la historia, en una fotografía tomada en el partido del All-Star de la MLB (7 de julio de 1937). De izquierda a derecha, Lou Gehrig (New York Yankees), Joe Cronin (Boston Red Sox), Bill Dickey (Yankees), Joe DiMaggio (Yankees), Charlie Gehringer (Detroit Tigers), Jimmie Foxx (Red Sox) y Hank Greenberg (Tigers).


La última fotografía tomada de Hachiko, el perro que durante nueve años esperó en la estación de trenes de Shibuya (Tokio) el regreso de su amo fallecido (1935).



Feria del Ku Klux Klan (Cañon City, Colorado, 1925)

domingo, 16 de julio de 2017

Los caballos de San Marcos



Uno de los monumentos más representativos de la ciudad de Venecia es la Basílica de San Marcos, el principal templo católico de la ciudad y una de las obras maestras de la arquitectura bizantina. Entre los detalles más característicos de la Basílica están las cuatro estatuas de caballos que se exhiben en la terraza de la cubierta de su fachada. Estas cuatro imponentes estatuas metálicas no son originales del edificio; fueron traídas desde Constantinopla a principios del siglo XIII y tienen una curiosa historia, llena de misterio e incidentes.

La parte "veneciana" de la historia de estas estatuas comienza a finales del siglo XII. Ante el fracaso de la Tercera Cruzada (la de Ricardo Corazón de León y Federico I Barbarroja) en su intento de reconquistar Jerusalén, el papa Inocencio III convocó una Cuarta Cruzada, que reunió un ejército formado fundamentalmente por nobles franceses y holandeses. Este ejército jamás llegó a Tierra Santa; en su lugar, se aliaron con los venecianos para atacar el Imperio Bizantino y deponer a su emperador, Alejo III. Los cruzados acabaron conquistando la capital, Constantinopla, en 1204, y tras varios días de saqueos y pillaje, sin respetar ni siquiera las iglesias, acabaron reuniendo un enorme botín que se repartieron entre ellos.


Entre la parte de lo saqueado que se llevaron los venecianos estaba un conjunto escultórico que desde hacía siglos decoraba el famoso Hipódromo de la ciudad. El conjunto representaba a una cuádriga triunfal, y estaba compuesto por cuatro caballos, la cuádriga y un auriga. Se desconoce qué fue del resto del conjunto, pero los cuatro caballos fueron llevados a Venecia por orden del dux Enrico Dandolo, para ser luego instalados en la Basílica en el año 1254, como símbolo del poder de la república veneciana.

Es muy poco lo que se sabe de los caballos antes de que los venecianos se hicieran con ellos. Se sabe que llevaban mucho tiempo en el Hipódromo, pero poco más. Hay un texto datado en el siglo VIII o XIX, titulado Parastaseis syntomoi chronikai (Breves notas históricas) sobre la ciudad de Constantinopla y sus monumentos, en el que se menciona la presencia de unos caballos dorados en el Hipódromo que habrían sido traídos de la isla de Quíos, en el mar Egeo, durante el reinado de Teodosio II (408-450 d. C.). Es posible que se tratase de los mismos, aunque no se puede asegurar al 100%.

Aparte de eso, no se sabe ni quién las fabricó, ni donde, ni en qué  fecha, ni el motivo que propició su creación. Por no saber, ni siquiera se sabe con seguridad si son de origen griego o romano. Los estudios que se han hecho sobre ellas para averiguar la fecha aproximada de su fabricación dan un margen muy amplio, entre el siglo IV antes de Cristo y el siglo IV de nuestra era. Las estatuas miden unos dos metros y medio de largo, con una altura máxima de 2'38 metros (1'31 metros en la cruz) y pesan entre 850 y 900 kilos cada una.


Durante años se creyó que las estatuas eran de bronce. Pero un análisis moderno reveló que, sorprendentemente, las estatuas están hechas casi en un 97% de cobre, seguramente porque su creador buscaba que tuvieran un brillo dorado más llamativo y parecido al del oro. Este dato, unido a ciertas peculiaridades de su factura y estilo, lleva a pensar que son de fabricación romana, lo que desmentiría los extendidos rumores de que son obra de alguno de los grandes escultores griegos de la antigüedad, como Lísipo (390-318 a. C.), Praxíteles (c. 400-c. 320 a.C.) o Fidias (c. 500-431 a. C.).

Durante casi seis siglos, los caballos se mantuvieron imperturbables en la fachada de la Basílica, dominando desde las alturas la Plaza de San Marcos, hasta que un tal Napoleón Bonaparte se hizo con el poder en Francia. Las Guerras Napoleónicas sembraron el caos por toda Europa y, en 1797, las tropas francesas invadían el territorio de la ya decadente República de Venecia (que sería luego repartido entre franceses y austríacos) y tomaban su capital casi sin oposición. Napoleón quedó prendado de los caballos de San Marcos, viéndolos como lo que eran: símbolos del poder de la ciudad. Y, como tales, decidió apropiarse de ellos y se los llevó a París.

El Arco de Triunfo del Carrusel, en la actualidad
Los caballos estuvieron durante algún tiempo expuestos al público, con un cartel propagandístico que rezaba: "Llevados desde Corinto a Roma, de Roma a Constantinopla, de Constantinopla a Venecia, de Venecia a Francia: ¡están al fin en un país libre!". Cuando en 1808 se terminó la construcción del Arco del Triunfo del Carrusel, construido para conmemorar sus victorias militares, el emperador decidió colocar los caballos en lo alto del Arco. Allí estuvieron hasta 1815; tras la caída de Napoleón, el emperador austriaco Francisco I dispuso que los caballos fueran restituidos a su emplazamiento original, encargando la misión a un capitán del cuerpo de Ingenieros del ejército británico, William John Dumaresq (quien también se encargó de regresar el león alado de la piazzetta de San Marcos, que los franceses habían colocado frente al Hôtel des Invalides). Tiempo después se colocaría sobre el Arco del Triunfo una réplica en bronce de los caballos.


A partir de aquel momento las estatuas permanecieron en la fachada de la Basílica (salvo durante un breve periodo en 1981 en que formaron parte de una exposición itinerante y fueron exhibidas en París, Londres, Nueva York y México D. F.) hasta que a mediados de la década de 1980 las autoridades decidieron retirarlas de su ubicación para protegerlas de los efectos del clima, la contaminación y la actividad animal, y sustituirlas por unas réplicas. Desde entonces los originales se guardan en la exposición permanente que hay en el interior de la Basílica.

jueves, 13 de julio de 2017

El soldado de los tres ejércitos

Lauri Allan Törni (1919-1965)

Lauri Allan Törni nació en la ciudad finlandesa de Viipuri (en la actualidad llamada Vyborg y situada en territorio ruso) el 28 de mayo de 1919, hijo de Jalmari Törni, capitán de un ferry que comunicaba varios puertos del Golfo de Finlandia, y de su esposa Rosa. Lauri no fue un gran estudiante, pero si un buen deportista, fuerte y atlético. Era un gran esquiador y un notable boxeador; le había enseñado a pelear su amigo Sten Suvio, medalla de oro en peso welter en las Olimpiadas de 1936, que había sido inquilino de la pensión que regentaba la familia Törni. Y también tenía un gran interés en todos los asuntos militares.

En 1938 Lauri se incorporó al ejército finlandés para cumplir el servicio militar. Fue asignado al 4º Batallón de Cazadores, y seguía en el ejército cuando en noviembre de 1939 la URSS invadió Finlandia dando comienzo a la Guerra de Invierno. Su destacada actuación en los combates en torno al lago Ladoga le valió una recomendación para la escuela de oficiales, de donde salió con el rango de Vänrikki (alférez). Entre sus nuevos cometidos estaba entrenar a los nuevos reclutas de la infantería ligera sobre esquíes, una de las unidades más eficaces contra los soviéticos. Sin embargo, pese a la resistencia finlandesa, la abrumadora superioridad soviética les obligó a firmar un oneroso tratado de paz que incluía la cesión de algunos de sus territorios; entre ellos, el istmo de Carelia y Viipuri, la ciudad natal de Törni. Obviamente, a éste le disgustó profundamente el resultado final de la guerra y le reafirmó en su cada vez más notorio anticomunismo.

Törni con el uniforme de las Waffen-SS
En junio de 1941, gracias a las excelentes relaciones entre los gobiernos finlandés y alemán, más de 1400 soldados finlandeses fueron autorizados a alistarse en el ejército germano; entre ellos, Lauri Törni. Los soldados finlandeses fueron trasladados a Viena, al campamento de Fasangarten-Kaserne, donde quedaron bajo las órdenes de las Waffen-SS. Con el tiempo, aquellos soldados formarían el SS Freiwilligen Nordost, el Batallón de Voluntarios Finlandeses de las Waffen-SS, y a sus miembros se les reconoció el rango equivalente al que tenían en el ejército finlandés; en el caso de Törni, el de Untersturmführer.

No obstante, Törni permanecería poco tiempo allí. El 21 de junio de 1941 los alemanes lanzaron la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética. Empezó a correr el rumor de que Finlandia se sumaría de inmediato a la ofensiva y declararía la guerra a la URSS; de hecho, lo hizo el 25 de junio. Törni, junto a varios oficiales finlandeses que todavía no habían hecho el juramento de fidelidad a las SS y al Führer, pidieron permiso para regresar a su país y sumarse a la ofensiva.

La llamada Guerra de continuación (1941-1944) fue un conflicto un tanto peculiar, algo así como una guerra dentro de una guerra. Los finlandeses vieron la oportunidad de desquitarse por la invasión soviética y recuperar los territorios que les habían sido arrebatados, contando con el apoyo militar alemán. Por el bando aliado, aparte de la URSS, sólo el Reino Unido declaró la guerra a Finlandia, pero no llegó a intervenir; la única acción bélica británica en territorio finlandés fue un ataque de aviones torpederos Fairey Swordfish contra varios buques alemanes fondeados en el puerto norteño de Petsamo.

Törni durante la Guerra de continuación (1943)
Fue durante la Guerra de continuación cuando Törni se ganó una merecida fama como soldado. Comenzó mandando una unidad de blindados, pero pronto regresó a la Infantería como instructor y director de patrullas de soldados con esquíes. En marzo de 1942 resultó herido de gravedad por la explosión de una mina, pero no tardó en volver a la acción. En 1943 se puso al frente de una unidad informal conocida como Destacamento Törni, que usaba como emblema una letra T cruzada por un rayo, y cuya gran especialidad eran las misiones de infiltración tras las líneas enemigas. Su efectividad era tal (en una ocasión su unidad tendió una emboscada a un convoy soviético al que le causó 300 bajas sin perder a ninguno de sus hombres) que su nombre muy pronto se hizo célegre en ambos bandos y los soviéticos llegaron a ofrecer una recompensa de 3 millones de marcos finlandeses por su cabeza. Sus acciones le valieron, entre otras condecoraciones, la Cruz Mannerheim finlandesa y la Cruz de Hierro de 2ª Clase alemana. Entre los soldados que sirvieron a sus órdenes estaba Mauno Koivisto, que sería presidente de Finlandia entre 1982 y 1994.

Emblema del Destacamento Törni
No obstante, la Segunda Guerra Mundial iba tomando cada vez más un cariz adverso a los intereses alemanes. La contraofensiva soviética y el desembarco en Normandía limitaron la ayuda que el régimen nazi podía aportar a los finlandeses, los cuales, ante el temor de verse aislados y sin apoyos externos, se vieron obligados a negociar una nueva paz. En septiembre de 1944 cesaban las hostilidades y se firmaba el Armisticio de Moscú, en el que de nuevo Finlandia se veía obligada a hacer importantes concesiones a los soviéticos: además de restituir las fronteras de 1940, les cedía nuevos territorios, como el distrito de Petsamo, aceptaba pagar onerosas indemnizaciones de guerra y se comprometía a expulsar a todo el personal militar alemán de su territorio (lo que generaría un enfrentamiento armado entre finlandeses y alemanes, la llamada Guerra de Laponia).

Törni fue licenciado (como buena parte del ejército finlandés) en diciembre de 1944, con el rango de capitán. Tras pasar algunas semanas con su familia en Vaasa, donde se habían instalado tras huir de Viipuri, Törni conoció a Jalo Korpela, otro militar licenciado que había alcanzado el rango de teniente de las SS. Ambos serían poco después reclutados para una operación secreta: las SS y la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA) estaban organizando, con la complicidad de algunos militares finlandeses, una unidad dedicada a cometer acciones de espionaje, sabotaje y guerra de guerrillas contra intereses soviéticos en Finlandia. Törni y Korpela, junto a otros ex-militares finlandeses, llegaron a Alemania en febrero de 1945 para recibir entrenamiento especializado. Sin embargo, a mediados de marzo el oficial al mando de la operación, el Fregattenkapitän Alexander Cellarius, les pidió que llevaran a cabo acciones de sabotaje contra las tropas finlandesas que combatían a los alemanes en Laponia. Törni y Korpela se negaron rotundamente a atacar a sus compatriotas, pese a que Cellarius los amenazó con un juicio sumarísimo. Ambos pidieron ser enviados al frente oriental. En cambio, fueron asignados al cuartel del Obergruppenführer (general) Felix Steiner, cuyas tropas formaban parte del sistema defensivo de Berlin. Törni, con el rango de Hauptsturmführer (capitán) fue puesto al frente de una compañía de 250 soldados, con Korpela como su Untersturmführer.

Törni como oficial finlandés en la reserva (1940)
Törni y sus hombres combatieron el avance soviético hasta que el 3 de mayo supieron del suicidio de Adolf Hitler. Por aquel entonces estaban en Hagenow (a unos 180 kilómetros al noroeste de Berlin), rodeados por las tropas soviéticas. Lograron romper el cerco y se dirigieron al este, hasta encontrarse con las tropas aerotransportadas norteamericanas, a las que se rindieron. Los americanos los entregaron a los ingleses, los cuales recluyeron a Törni en un campo de prisioneros en Oldenburg, rechazando su ofrecimiento de unirse a sus filas, ya que, al menos oficialmente, Finlandia seguía en guerra con el Reino Unido. Törni no tardó en fugarse del campo con Korpela y ambos lograron llegar a Dinamarca, donde el embajador finlandés les dio documentos falsos con los que regresaron a Finlandia.

Törni se instaló en Helsinki, trabajando como electricista para una pareja de simpatizantes filogermanos. Al parecer, durante algún tiempo trató de revivir el proyecto alemán de crear una organización antisoviética, pero el 12 de abril de 1946 fue arrestado por la Valpo, la policía estatal finlandesa. Acusado de espionaje y traición (los soviéticos también lo acusaron de asesinar prisioneros de guerra en 1944, aunque no pudieron probarlo) fue condenado a seis años de trabajos forzados, pero logró huir de la prisión de Turku en julio de 1947, gracias a la deliberada negligencia de sus guardianes, muchos de los cuales eran antiguos soldados que sentían admiración por él. Fue capturado poco después cuando trataba de huir del país con Korpela, y enviado a la cárcel de Riihimäki, de donde escaparía en otras dos ocasiones, volviendo a ser capturado en ambas.

Finalmente, el 13 de diciembre de 1948 el presidente finlandés Juho Kusti Paasikivi le concedió un indulto bajo palabra; pero Törni aprovechó para escapar del país, lo que provocó que fuera despojado de su rango y borrado de la lista de oficiales del ejército. Törni había cruzado la frontera sueca y se instaló en Estocolmo, donde se casó con Marja Kops, una mujer de origen finlandés. Poco después de su boda, convencido de que los comunistas no lo habían olvidado y podrían atentar contra su vida en cualquier momento, decidió buscar nuevos horizontes para él y para su familia. En 1950 consiguió documentos falsos suecos con los que se alistó como tripulante en un carguero, el SS Bolivia, a bordo del cual viajó hasta Caracas. Allí se encontró con uno de sus antiguos oficiales, el coronel Matti Aarnio, que se había instalado en Venezuela en 1945, y que le sugirió que probara fortuna en EEUU.

Törni se embarcó en un carguero noruego, el MS Skagen, que se dirigía a Estados Unidos; pero, durante la travesía, cuando el buque pasaba frente a las costas de Mobile (Alabama), Törni saltó por la borda y llegó a nado a la orilla. Sin dinero y sin saber inglés, se las arregló para llegar a Nueva York, donde recibió la ayuda de la comunidad de Finntown, una zona del barrio de Brooklyn cercana al parque Sunset donde vivía un gran número de inmigrantes finlandeses. Törni trabajó como carpintero y limpiador residiendo de manera irregular hasta que en 1953 obtuvo el permiso de residencia y en 1954, en virtud a la ley Lodge-Philbin (que permitía el reclutamiento de ciudadanos extranjeros en el ejército, a los que se garantizaba la ciudadanía norteamericana tras cinco años de servicio) se alistó en el ejército.

Sargento Larry Allan Thorne (17/11/1955)
En el ejército, Thöri hizo amistad con un grupo de soldados y oficiales de origen finlandés conocidos como "los hombres de Marttinen", así llamados por el coronel Alpo Marttinen. Marttinen, al igual que la mayoría de aquellos soldados, había huido de Finlandia para no ser acusado por una operación secreta en la que una gran cantidad de armas y equipamiento militar del ejército finlandés habían sido ocultados por todo el país en diversos zulos y escondrijos, con el objetivo de que, si la URSS invadía Finlandia, poder organizar un movimiento de resistencia. Con su ayuda, Thöri ascendió rápidamente. Fue asignado a las Fuerzas Especiales, donde sus habilidades eran muy valoradas. En 1955 ya era sargento (ese mismo año lograba la nacionalidad estadounidense y se cambiaba el nombre por el de Larry Allan Thorne), en 1957 teniente, y en 1960 era ascendido a capitán. Entre 1958 y 1962 estuvo asignado al 10º Grupo de Fuerzas Especiales, con base en Bad Tölz (Alemania). En 1962 realizó una de sus misiones secretas más aplaudidas, recuperando equipos e información secreta de los restos de un avión espía norteamericano que se había estrellado en la cordillera de los Zagros (Irán), una misión en la que otros equipos de varios países habían fracasado.

Thorne durante su misión en las montañas de Irán
Con su historial y reputación, no es de extrañar que fuera enviado a uno de los "puntos calientes" de la política exterior norteamericana, Vietnam. En noviembre de 1963 fue asignado al Destacamento A-743 de las Fuerzas Especiales con la misión de dar apoyo a las fuerzas sudvietnamitas. Estuvo destinado en Chau Lang, Tinh Bien, Phuoc Vinh, Phu Quoc y Nha Trang, y entre sus funciones estuvo la de adiestrar tropas irregulares (fundamentalmente de la tribu montagnard) para que sirviesen de auxiliares en la lucha contra la guerrilla comunista. En Tihn Bien resultó herido en un ataque contra su campamento, acción en la que fue condecorado con dos Corazones Púrpura y una Estrella de Bronce.

Escudo del MACV-SOG
En febrero de 1965 comenzó su segundo despliegue en Vietnam. Asignado en un primer momento al 5º Grupo de Operaciones Especiales, fue posteriormente trasladado al Military Assistance Command, Vietnam – Studies and Observations Group (MACV-SOG), una unidad altamente secreta dedicada a operaciones especiales y guerra no convencional. El 18 de octubre de 1965 tomó parte en una operación secreta denominada Shining Brass, cuyo objetivo era localizar los principales senderos de la Ruta Ho Chi Minh, a través de la cual la guerrilla del Viet Cong se abastecía de armas y víveres. La misión en la que Thorne iba a participar consistía en enviar un comando formado por hombres del MACV-SOG y soldados sudvietnamitas al otro lado de la frontera de Laos (parte de la Ruta Ho Chi Minh discurría por territorio de Camboya y Laos) en busca de objetivos (campamentos, depósitos de armas) que luego pudieran ser bombardeados por las Fuerzas Aéreas. En la acción tomaban parte tres helicópteros UH-34D Seahorse. Los dos primeros llevaban al equipo de infiltración, mientras el tercero debía quedar a la expectativa en caso de que hubiera que rescatar a los ocupantes de los otros helicópteros si tenían problemas. En este tercer helicóptero de reserva iba Thorne, acompañado del teniente The Long Phan (piloto), el alférez Bao Thung Nguyen (copiloto) y el sargento Van Lahn Bui (artillero).

Sikorsky UH-34 Seahorse
Los tres aparatos partieron de Kham Duc a eso de las 17:45 horas, con malas condiciones climatológicas, acompañados por varios helicópteros Beel UH-1 "Huey", una avioneta Cessna O-1 "Bird Dog" y un bombardero ligero Martin B-57 como apoyo aéreo. El mal tiempo estuvo a punto de hacer que la misión se cancelara, pero los dos primeros Seahorse fueron capaces de encontrar un claro en el que depositaron al equipo de infiltración. Thorne ordenó que los demás aparatos regresaran a la base, mientras ellos se quedaban en la zona para dar apoyo aéreo al equipo si era necesario. Tras obtener confirmación de que el comando había llegado de manera exitosa a su objetivo, Thorne decidió regresar él también. Minutos más tarde, los demás oyeron en la radio un ruido constante que duró unos 30 segundos. Desde ese momento todos los intentos por contactar con el helicóptero de Thorne fueron infructuosos. La operación de búsqueda y rescate no dio resultado; el helicóptero se había desvanecido sin dejar rastro. Thorne y su tripulación fueron declarados desaparecidos en combate. En diciembre de 1965 se le concedió de manera póstuma el ascenso a comandante, para el que había sido propuesto poco antes de su desaparición. A su muerte, Thorne acumulaba más de una veintena de condecoraciones, incluidas la Cruz Mannerheim y la Medalla de la Libertad de 1ª clase finlandesas, la Cruz de Hierro de 2ª Clase alemana y la Estrella de Bronce y el Corazón Púrpura norteamericanos.

El nombre de Thorne en el Vietnam Memorial Wall (Washington D.C.)
En 1999 un equipo conjunto de investigadores finlandeses y del JPAC (Joint POW/MIA Accounting Command, la sección del Departamento de Defensa de los EEUU encargada de localizar a soldados desaparecidos en combate o prisioneros de guerra) halló tras una larga búsqueda los restos del helicóptero de Thorne. Se había estrellado (seguramente por culpa de la escasa visibilidad) contra la ladera de una montaña en el distrito de Phước Sơn. Se recuperaron diversos restos humanos, incluidos los de Thorne (identificados gracias a sus implantes dentales) y su subfusil M/45 de fabricación sueca. Dada la imposibilidad de identificar todos y cada uno de los restos hallados, se decidió enterrar a los cuatro hombres juntos en una tumba del Cementerio Nacional de Arlington (Virginia).


lunes, 10 de julio de 2017

Los cuatro oros olímpicos de Al Oerter

Alfred Adolf "Al" Oerter Jr. (1936-2007)

Al Oerter es uno de esos deportistas cuyo nombre figura con letras de oro en la historia del deporte. Un auténtico fenómeno, con un físico portentoso (1'93 metros y 125 kilos, perfecto para un lanzador de disco) que, unido a una férrea voluntad y un inmenso espíritu de sacrificio, le llevaron a conseguir una hazaña difícilmente igualable: conseguir cuatro medallas de oro en la misma prueba, en cuatro Olimpiadas consecutivas. Algo que antes de él sólo había logrado el regatista danés Paul Elvstrøm, y que después conseguirían el atleta Carl Lewis y el nadador Michael Phelps.

Nacido en el barrio neoyorquino de Astoria el 19 de septiembre de 1936, y criado en New Hyde Park, una pequeña localidad del extrarradio de la Gran Manzana, Oerter se inició en el atletismo en su adolescencia, casi por casualidad. Según cuentan, en una ocasión un disco con el que entrenaba un grupo de lanzadores cayó a sus pies y él, al devolverlo, lo lanzó mucho más lejos del lugar donde ellos estaban. No tardó en empezar a competir con gran éxito, llegando a batir el récord norteamericano júnior, lo que le permitió obtener una beca deportiva para estudiar en la Universidad de Kansas. Allí, al Oerter seguiría compitiendo a gran nivel, batiendo el récord universitario en su primer año.

Al Oerter en Melbourne (1956)
En 1956 se celebraron los Juegos Olímpicos de Melbourne. Oerter se presentó a las pruebas de selección del equipo norteamericano. Pese a su juventud, ya era uno de los mejores lanzadores del país. Quedó cuarto (solo los tres primeros se clasificaban), pero le sonrió la fortuna; uno de los que sí habían logrado plaza se lesionó y Oerter ocupó su lugar. Nadie esperaba que hiciera un gran papel, ni siquiera el propio Oerter; joven y sin experiencia en grandes torneos internacionales, parecía difícil que pudiera plantar cara a los fuertes competidores a los que se iba a enfrentar. Sin embargo, en la ronda clasificatoria obtuvo la mejor marca de todos los participantes, y en la final dejó a todos atónitos con un espectacular primer lanzamiento de 56'36 metros, nuevo récord olímpico (superando al anterior, conseguido por su compatriota Sim Iness en las Olimpiadas de Helsinki en 1952, por más de 1'30 metros). Nadie pudo superar esa extraordinaria marca y Oerter logró su primera medalla de oro en un podio netamente norteamericano: sus compatriotas Fortune Gordien (poseedor del récord mundial) y Desmond Koch fueron, respectivamente, plata y bronce.

En 1957, Oerter se proclamó campeón universitario de lanzamiento de disco. Pero poco después su carrera estuvo a punto de terminar abruptamente: un grave accidente de tráfico casi le cuesta la vida y le causó heridas importantes. No obstante, su fuerza de voluntad le lleva a recuperar la forma y a revalidar en 1958 su título de campeón universitario. Tras licenciarse, su nuevo trabajo en una compañía aérea no le deja demasiado tiempo para el atletismo; pero en 1960 se clasifica para las Olimpiadas de Roma.

En Roma su principal rival por la victoria es su compatriota Rink Babka, que ha batido el récord mundial (59'91) apenas unas semanas antes de los Juegos. Pero Oerter llega en plena forma. En la ronda clasificatoria bate su propio récord olímpico, llevándolo hasta los 58'43 metros. Y en la final, pese a que Babka lo hace mejor en los primeros lanzamientos, Oerter logra en su quinto intento un excelente registro de 59'18 metros que su rival es incapaz de superar. Oerter consigue así su segundo oro, de nuevo en un podio íntegramente norteamericano: a Oerter (oro) y Babka (plata) les sigue Dick Cochran.

El podium de la final de lanzamiento de disco en las Olimpiadas de 1960: de izquierda a derecha, Rink Babka, Al Oerter y Dick Cochran
En los siguientes años Oerter se convierte en el gran dominador mundial de la especialidad. Bate por primera vez el récord mundial en mayo de 1962 (61'10 m.) y en los dos años siguientes lo vuelve a batir en otras tres ocasiones, dejándolo en 62'94. En vísperas de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, Oerter parte como gran favorito para revalidar el título y colgarse su tercera medalla de oro. Sin embargo, poco antes de comenzar la competición, Oerter sufre una grave lesión en las vértebras cervicales, que le obliga a llevar un collarín ortopédico. Por si fuera poco, una caída accidental mientras entrenaba le provoca la rotura de un cartílago en la caja torácica. Oerter soporta un intenso dolor y corre el peligro de que el cartílago roto le provoque una hemorragia interna, pero en contra de la opinión de los médicos decide competir de todos modos. Para combatir el dolor, pasa mucho tiempo metido en una especie de cajón, cubierto de hielo, y también le administran Novocaína.

Aún con todos esos problemas físicos, Oerter consigue batir una vez más el récord olímpico en la fase de clasificación, lanzando el disco a 60'54 metros. En la final, su gran rival es el checoslovaco Ludvik Danek, un formidable lanzador que no solo había batido el récord mundial apenas dos meses antes de los Juegos, sino que además encadenaba una espectacular racha de 45 victorias consecutivas. Antes de la final, Oerter afirma "Si no lo hago en el primer lanzamiento, no lo conseguiré". Sus primeros lanzamientos son buenos, pero no excelentes; y así, tras cuatro intentos (cada competidor tenía derecho a seis lanzamientos), Oerter iba en tercer lugar, a más de dos metros del mejor lanzamiento de Danek, y también por detrás del norteamericano Dave Weill. Y en su quinto intento, Oerter decide jugarse el todo por el todo: se quita su aparato ortopédico y, entre unos dolores terribles, reúne las fuerzas que le quedan y consigue una espléndida marca de 61 metros, nuevo récord olímpico. Al Oerter no ve aterrizar su disco; nada más lanzarlo, se derrumba en el suelo, víctima de un dolor insufrible que le impide realizar su sexto y último lanzamiento ("Me sentía como si alguien tratara de arrancarme las costillas, pero en los Juegos hay que morir"). Pero Danek es incapaz de superar su marca, y Oerter se lleva una vez más el oro, con Danek plata a casi medio metro (60'52) y Weill bronce con 59'49.

Al Oerter en la olimpiada de Tokio, con su aparatoso collarín ortopédico
A los que fueron sus cuartos Juegos Olímpicos, los de México 1968, Oerter llegó en una aparente baja forma. Pese a que en 1966 había ganado por sexta vez el campeonato norteamericano, sus últimas marcas habían sido bastante pobres. Por contra, su compañero de equipo Jay Silvester llegaba pletórico a la cita mexicana, habiendo batido poco antes el récord mundial con un lanzamiento de 68 metros y 40 centímetros. Todos daban a Silvester como gran favorito y, aunque respetaban a Oerter como un mito, no le daban demasiadas opciones. Más aún cuando Silvester batió el récord olímpico de Oerter en la fase de clasificación, alcanzando los 63'34 metros. Sin embargo, en la final todo cambió. La ambición competitiva de Oerter (que volvía a participar aquejado de grandes dolores por sus problemas de cervicales) despertó de golpe, mientras que Silvester acusó la presión psicológica y se derrumbó. Oerter conseguía su cuarto oro olímpico consecutivo y recuperaba su récord olímpico con un lanzamiento de 64'78 metros, seguido del germano-oriental Lothar Milde (plata) y de Ludvik Danek (bronce), mientras que un hundido Jay Silvester sólo podía lograr la quinta plaza.

Al Oerter recibe su cuarta medalla olímpica de oro
Después de 1968, Al Oerter se retiró del atletismo. Sus problemas físicos, su necesidad de centrarse en su trabajo de ingeniero informático y su deseo de dedicar más tiempo a su esposa y a sus dos hijas pequeñas le llevaron a tomar tal decisión. No obstante, en 1976 sus circunstancias habían cambiado. Se había divorciado, sus hijas ya habían crecido y todavía conservaba la ambición ganadora y el deseo de competir. Y así, con 40 años, volvió al atletismo activo para tratar de clasificarse para las Olimpiadas de Moscú de 1980.

En un primer momento, trató de recuperar la masa muscular que había perdido consumiendo, bajo control médico, esteroides anabolizantes, pero no tardó en abandonar esta práctica; los esteroides no mejoraban su nivel físico, y sin embargo agravaban sus problemas crónicos de hipertensión. Así que empezó a entrenarse de manera más convencional, volviendo lentamente a adquirir forma física. Pese a su avanzada edad, logró ser quinto en los campeonatos norteamericanos de 1979, y sexto en los de 1980. En las pruebas de clasificación para las Olimpiadas acabó cuarto, pero logró la mejor marca de su carrera: 69'46 metros, a menos de dos metros del récord mundial del germano-oriental Wolfgang Schmidt. Pero sus esperanzas de ir a Moscú se esfumaron cuando los Estados Unidos anunciaron su boicot a los Juegos, como protesta por la invasión de Afganistán por las tropas soviéticas. Lo intentaría una vez más en 1984, con 48 años, pero una rotura del tendón de Aquiles le apartó de manera definitiva de la competición. Menos de un año antes de su lesión Oerter había lanzado el disco a 67'89 metros, un lanzamiento que, de haberlo repetido en la final olímpica de Los Ángeles, le habría valido su quinto oro olímpico. Como homenaje por su extraordinaria trayectoria, en la ceremonia inaugural de las Olimpiadas de 1984 llevó la bandera olímpica durante el desfile de los participantes, y en la Olimpiada de Atlanta 1996 fue uno de los últimos porteadores de la antorcha olímpica.


Una vez dijo adiós al deporte, Oerter dedicó su tiempo a otras aficiones, como el arte. Se convirtió en un estimado pintor abstracto (algunas de sus obras las realizaba salpicando pintura con un disco sobre un lienzo) y en 2006 fundó AOTO (Art of the Olympians), una organización dedicada a fomentar y promocionar las aptitudes artísticas de atletas olímpicos y paralímpicos.

Durante sus últimos años, Al Oerter batalló contra una enfermedad cardiovascular consecuencia de su problema de hipertensión crónica. En 2003 una acumulación de fluidos en torno a su corazón estuvo a punto de costarle la vida, y de hecho estuvo clínicamente muerto durante algunos instantes, aunque luego se recuperaría. Los médicos le aconsejaron un trasplante de corazón, pero él rechazó la idea. "He tenido una vida interesante, y saldré de ella con el corazón que tengo". Finalmente, un fallo cardíaco le mataría el 1 de octubre de 2007, a los 71 años de edad, en Fort Myers (Florida), la ciudad donde se había asentado.

En cierta ocasión, mientras rodaba un anuncio de televisión, Al Oerter hizo un extraordinario lanzamiento de 74'67 metros, que no pudo ser homologado al no haberse producido en una competición ni haber jueces presentes. Si hubiera sido oficial, no sólo habría sido récord mundial, sino que a día de hoy todavía seguiría vigente; el récord actual, establecido por el alemán del Este Jürgen Schult en el ya lejano año de 1986, es de 74'08 metros.

viernes, 7 de julio de 2017

Pequeñas historias (XII)

En 1977, durante una gira por Norteamérica, el grupo Aerosmith rechazó alquilar un avión Convair CV-240 porque ni el aparato ni su tripulación les ofrecían confianza a los encargados de organizar los desplazamientos del grupo. Meses más tarde, el 20 de octubre de ese año, dicho avión se estrellaba en un bosque de Gillsburg (Mississippi) cuando transportaba a los Lynyrd Skynyrd, muriendo seis personas, entre ellos tres miembros del grupo. El motivo del accidente fue que el avión se quedó sin combustible, al estar averiado el indicador y no haber comprobado manualmente los pilotos los tanques antes de despegar.
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En 1792 tuvo lugar en Londres el llamado "duelo de miriñaques" que enfrentó a lady Almeria Braddock con Mrs. Elphinstone, debido a que la primera se había sentido ofendida por ciertas insinuaciones de la segunda referentes a su verdadera edad. Ambas se enfrentaron primero con pistolas (una de las balas atravesó el sombrero de lady Almeria) y luego con espadas (la señora Elphinstone recibió una herida en un brazo). Al final, todo se solucionó con una disculpa por escrito de la "ofensora" a la "ofendida".
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En 1985 un ingeniero llamado Roger Boisjoly, que trabajaba para la empresa Morton Thiokol, fabricante de los cohetes de combustible sólido empleados en la primera fase del vuelo del transbordador espacial, advirtió a sus superiores del peligro de fallo de las juntas toroidales de los cohetes en condiciones de bajas temperaturas, con el subsiguiente riesgo de provocar "una catástrofe de primer orden". No sólo no le hicieron caso, sino que le amenazaron y presionaron para que no dijera nada, y acabaron por despedirlo. Meses después, el 28 de enero de 1986, el transbordador Challenger explotaba en el aire sólo 73 segundos después de su lanzamiento, falleciendo sus siete tripulantes. Tal y como había predicho Boisjoly, el causante del accidente fue una junta defectuosa.
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En el Atlántico Norte, a más de 300 kilómetros de la tierra firme más cercana, hay un islote o peñón rocoso de apenas 570 m2 conocido como Rockall. Está bajo soberanía del Reino Unido y su importancia, más que por su escasa superficie, viene dada porque le sirve a los británicos para reivindicar los derechos sobre los recursos del fondo submarino en torno a él.
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El lingüista chino Chao Rue Yen, para demostrar lo complicado y tortuoso que era el idioma chino clásico, compuso un poema formado por la repetición de la palabra "shi" 92 veces, con distintas entonaciones y significados. El poema se titula "Shī Shì shí shī shǐ", que se traduce como "El poeta comedor de leones en la cueva de piedra".
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En 2009, un estudiante noruego llamado Kristoffer Koch descubrió la existencia de los bitcoins, la moneda virtual más extendida en Internet, mientras buscaba información para una tesis sobre cifrados y encriptación, y compró algunos por un valor de 27 $, para luego olvidarse de ellos. Cuatro años más tarde, en 2013, el interés mediático despertado en los medios de comunicación acerca de los bitcoins le hizo recordar su pequeña adquisición. Al revisar su cuenta, descubrió que su bitcoins por valor de 27$ se habían revalorizado y valían en ese momento casi 900000 $.
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En 1925, mientras Alfred Hitchcock rodaba la película El jardín de la alegría, una de las actrices se negó a meterse en el agua para rodar una escena alegando que tenía el periodo. Hitchcock, que tenía por aquel entonces 26 años, no tenía ni idea de lo que era la menstruación, y tuvo que ser uno de sus cámaras el que le explicara de qué se trataba.
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En 1998, científicos australianos detectaron una serie de extrañas señales captadas por el radiotelescopio del observatorio Parkes. Dichas interferencias, que se repetían varias veces al año, se creía que eran provocadas por algún tipo de fenómeno atmosférico, probablemente relámpagos. No fue hasta 2015, 17 años después de ser observadas por primera vez, que tras la instalación de un nuevo receptor se descubrió que eran provocadas por el microondas de la cocina del observatorio.

martes, 4 de julio de 2017

Películas que nunca se rodaron: Warhead, de James Bond



Ian Fleming, escritor y antiguo miembro de la División de Inteligencia Naval del Almirantazgo británico, publicó su primera novela protagonizada por James Bond, Casino Royale, en 1953. En el otoño de 1958 Fleming ya había publicado media docena de libros del personaje, con notable éxito, y llevaba algún tiempo interesado en trasladar a su creación al cine, cuando su amigo Ivar Bryce le presentó a un joven productor irlandés llamado Kevin McClory, igualmente interesado en rodar una película de James Bond. McClory tenía grandes planes para el personaje: aspiraba a tener a Alfred Hitchcock como director y a Richard Burton como estrella protagonista.
Fleming y McClory trabajaron un tiempo en un guión. Desarrollaron líneas argumentales, personajes, situaciones, pero poco a poco el escritor fue perdiendo el entusiasmo por el proyecto y limitando su colaboración. McClory no se desanimó; contrató al guionista Jack Whittingham para que le ayudara y juntos terminaron un guión que titularon de manera provisional Longitude 78 West, que enviaron a Fleming; el cual le dio su aprobación y le dijo a McClory que iba a enviárselo a la MCA (propietaria de la productora Paramount) para ver si les interesaba, aunque no le garantizaba que aceptaran la presencia de McClory en la película.
En marzo de 1961 Fleming publicó Thunderball (en España, Operación Trueno), la novena novela de la serie Bond. Cuando McClory leyó el libro, no salía de su asombro: se trataba de un plagio descarado del guión que habían escrito el propio McClory, Fleming y Whittingham, pero el escritor no les había pedido permiso ni les mencionaba como co-autores. Inmediatamente, McClory acudió a los tribunales para que impidieran la venta del libro, pero no lo consiguió, así que demandó a Fleming por plagio. El caso se vio en el Tribunal Supremo inglés en noviembre de 1963 y tuvo gran repercusión, ya que por entonces ya se habían estrenado con gran éxito los dos primeros filmes basados en el personaje: 007 contra el Doctor No (1962) y Desde Rusia con amor (1963). Al final, Fleming (que moriría de un ataque al corazón unos meses más tarde) tuvo que reconocer que el libro estaba basado en el guión previo y presentaba sustanciales parecidos con él; además, tuvo que pagar a McClory 35000 libras, cederle todos los derechos cinematográficos de la novela, pagar las costas del juicio y permitir que en todas las ediciones posteriores del libro figurase una nota que señalase "Basado en una adaptación para la pantalla de Kevin McClory, Jack Whittingham y Ian Fleming".
McClory trató entonces de llevar la novela al cine por su cuenta; pero fracasó a la hora de encontrar financiación, así que tuvo que asociarse con la productora británica Eon, la responsable de las dos primeras adaptaciones. Y así, en 1965 Operación Trueno se convertía en la cuarta película de la serie Bond, tras James Bond contra Goldfinger (1964). Según el acuerdo al que había llegado con Eon, McClory les había cedido los derechos de la novela durante diez años.


En 1975, habiendo caducado ya el acuerdo con Eon y habiendo recuperado McClory los derechos de la historia, se dispuso a rodar una nueva versión, una versión sobre la que tuviera control (algo que no había pasado con la anterior). Y lo hizo a lo grande: contrató al escritor Len Deighton (el creador del espía Harry Palmer) para que escribiera un nuevo guión, a Richard Attenborough para dirigirla, a Orson Welles para interpretar al malvado Blofeld, archienemigo de Bond. Y como protagonista, al Bond original: Sean Connery. Connery había abandonado el personaje, al que detestaba, después de Diamantes para la eternidad (1971). McClory lo convenció con una generosa paga y la promesa de que, además de protagonizarla, figuraría como productor y tendría la última palabra sobre el guión. El título original de James Bond del Servicio Secreto pronto pasó a ser Warhead.
McClory estaba eufórico; la Paramount estaba dispuesta a financiar la película con un generoso presupuesto de 22 millones de dólares. Llevado por esa euforia, incluso amenazó públicamente con demandar a Eon para reclamar parte de los beneficios de la saga Bond, ya que algunos elementos claves de la saga (tales como la organización SPECTRE o el malvado Blofeld) habían aparecido por primera vez en el guión que había co-escrito con Whittingham. Esta amenaza hizo que Eon tuviera que introducir a toda prisa algunos cambios en el guión de la película de Bond que entonces se iba a rodar, La espía que me amó. Pero Warhead no llegó a concretarse, no de la manera que McClory había planeado. Los herederos de Ian Fleming y la United Artists (distribuidora de las películas de James Bond) denunciaron a McClory para tratar de impedir el inminente rodaje. La denuncia, y la posterior apelación, se resolvieron a favor de McClory. pero la incertidumbre legal en torno al filme no gustó a Connery, que abandonó el proyecto. Sin su principal estrella, la Paramount se retiró también, y McClory se vio incapaz de conseguir el dinero que necesitaba. Ocho años más tarde, aclarado ya el asunto legal, McClory cedió sus derechos al productor Jack Schwartzman (marido de la actriz Talia Shire y cuñado de Francis Ford Coppola), el cual si consiguió llevar la historia al cine: se tituló Nunca digas nunca jamás, se estrenó en 1983 protagonizada por Connery y Kim Basinger y es (junto a la versión humorística de Casino Royale estrenada en 1967) la única película de James Bond al margen de la saga "oficial" del personaje.


Pero ni con esas se quedó McClory satisfecho. Él seguía queriendo rodar su guión, su historia, su Bond. En 1989 trató de resucitar el proyecto con un nuevo título, Atomic Warfare, intentando contar con Pierce Brosnan como protagonista. Brosnan había sido tanteado como Bond "oficial" unos años antes, y lo sería en cuatro películas entre 1995 y 2002, pero no aceptó la propuesta de McClory.
Finalmente, en 1996 McClory anunció su alianza con la productora Sony para rodar una versión modernizada de su guión con el título de Warhead 2000 AD, con Liam Neeson o Timothy Dalton como protagonista. Y de nuevo volvieron a surgir los problemas legales. United Artists y la MGM denunciaron a Sony para tratar de impedir el inicio de la producción. McClory respondió reclamando en los tribunales un porcentaje de los beneficios de toda la saga Bond, ya que según él el personaje cinematográfico de James Bond era diferente al James Bond de las novelas de Fleming, tomaba muchos aspectos de su guión original y, por lo tanto debía de considerarse a McClory como co-creador del personaje.
El resultado de ambos pleitos fue desfavorable para McClory. En 1999, Sony y MGM/UA llegaron a un acuerdo extrajudicial por el cual Sony renunciaba a cualquier derecho que pudiera tener sobre el personaje de James Bond. Su reclamación por los beneficios de la saga Bond también fue desestimada en el año 2000; el juez consideró que McClory había esperado demasiado tiempo para presentarla. Al final, después de tantos intentos frustrados, el productor jamás llegó a ver su guión rodado de la manera que él quería, y falleció el 20 de noviembre de 2006, sólo cuatro días después del estreno de Casino Royale, la 21ª película de la saga Bond "oficial" y la primera con Daniel Craig de protagonista.

domingo, 2 de julio de 2017

Películas que nunca se rodaron: A Topiary, de Shane Carruth



El actor y director Shane Carruth sorprendió con su debut cinematográfico en 2004, Primer. Se trataba de una película de ciencia ficción nada convencional, compleja y a veces incluso confusa, con mucho lenguaje técnico. Es la historia de dos ingenieros que trabajan juntos y en su tiempo libre trabajan en el garaje de uno de ellos diseñando y construyendo aparatos que puedan interesar a posibles inversores. Durante uno de sus experimentos con magnetismo descubren accidentalmente que el dispositivo que han construido les permite viajar en el tiempo. En un principio ganan algo de dinero gracias al mercado de acciones, pero luego se acaban enfrentando cuando uno de ellos, temeroso de los efectos colaterales de sus viajes, intenta poner fin al experimento. La película tuvo muy buena acogida crítica y cosechó varios premios. Toda la película se rodó con un presupuesto de apenas 7000 $; Carruth no sólo la dirigió, también la escribió, la produjo, la montó, interpretó a uno de los dos protagonistas e incluso compuso la banda sonora.


El buen recibimiento de Primer llevó a Carruth a plantearse un nuevo proyecto, mucho más ambicioso. Su nueva película se iba a llamar A Topiary y contaba con muchos puntos en común con Primer. Era un filme de ciencia ficción, alejado de la temática y los modos narrativos habituales del género, lleno de reflexiones filosóficas. Basta decir que el guión, que estuvo listo en 2010, tiene 245 páginas para una película de unas dos horas de duración, aproximadamente el doble de lo habitual, con numerosas escenas breves pero complejas. Muchos, tras leerlo, lo han alabado sin reservas, como el director Rian Johnson (Star Wars VIII), que dijo de él que era "alucinante".
La historia de A Topiary comienza con Acre Stowe, un funcionario al que encomiendan determinar el lugar más adecuado para instalar un centro de respuesta a emergencias cerca de un tramo de autopista donde los accidentes son habituales. Para ayudarse en su decisión, Stowe dibuja las direcciones de los accidentes ocurridos, formando un patrón. Cuando ha elegido el lugar, un súbito destello de luz se refleja en la fachada de un rascacielos, y Stowe cree reconocer en ese brillo el mismo patrón que ha dibujado. Stowe se obsesiona con esa figura, y empieza a buscarla, encontrándola en más objetos. En su búsqueda conoce a otras personas que, como él, se dedican a rastrear ese patrón, pero sin que ninguno sepa qué es o de donde procede. Después de unos 40 minutos con la historia de Stowe, el escenario cambia. Un grupo de niños descubre en un bosque una extraña máquina negra a la que llaman "El Hacedor", una máquina que aparentemente es capaz de crear criaturas artificiales con el aspecto de perros, caballos o incluso un dragón; cualquier cosa que su imaginación les permita. Al final, se produce un enfrentamiento entre los niños y un grupo rival de creadores de criaturas. La última escena de la película nos sumerge en lo más profundo del cosmos, sin saber cuando ni donde estamos, pero sugiriendo que los sucesos que hemos visto quizá han sido dirigidos por fuerzas ajenas al control de los protagonistas.
Carruth invirtió años en preparar el filme y tenerlo todo dispuesto para comenzar el rodaje. Incluso diseñó las criaturas y consultó con especialistas en efectos especiales para hacer por su cuenta los efectos visuales del filme. Pero todo se torció a la hora de encontrar financiación. Allí donde iba, siempre cosechaba elogios hacia su guión, pero no dinero. Todo eran buenas palabras y palmaditas en la espalda, pero a la hora de la verdad las promesas se quedaban en eso. Carruth incluso rebajó sus pretensiones; de los 20 millones de dólares de presupuesto que había previsto en un principio bajó a 14. Tampoco sirvió de nada. Nadie le decía que no abiertamente, pero nadie daba el paso definitivo. Y así, tras docenas de infructuosas entrevistas, el propio Carruth decidió aparcar el proyecto, quejándose de que a los productores de Hollywood no les preocupan sus películas ni leen sus guiones, sólo buscan que haya una estrella al frente del reparto. "Nadie dijo nunca que no. Todo era entusiasmo y admiración y "¡No podemos esperar a que esté hecha!". Pero mientras tanto el dinero seguía sin llegar a la cuenta". El director Steven Soderbergh, admirador de Carruth y que había aceptado ser el productor ejecutivo de la película, dino que "si fueran los años 70 la gente le estaría tirando dinero, pero ahora es una época diferente".
Y así, tras años de trabajo, Carruth se vio obligado a desistir. "Decidí que si nadie iba a decir que no, yo iba a tener que decir que no. De alguna manera, eso me rompió el corazón". Tampoco le sentó nada bien que alguien filtrara su guión y lo colgara en Internet. Después de aquello, volvió al terreno que mejor conocía. Su siguiente película, estrenada en 2013, se tituló Upstream Color, y de nuevo, como en Primer, contó con un presupuesto exiguo (apenas 50000 dólares) y Carruth se encargó de casi todo: dirección, interpretación, guión, montaje, música y fotografía. Siempre sin salirse de la ciencia ficción, Upstream Color narra la historia de dos personas, Kris y Jeff, cuyas vidas se cruzan y se sienten atraídos de una manera inexplicable para ellos, sin saber que ambos han sido infectados por un parásito, un ser que manipula su voluntad y que necesita a los humanos para completar su ciclo vital. A modo de guiño u homenaje, en Upstream Color aparecen algunas de las imágenes creadas por ordenador para A Topiary, como parte de un video que ven los protagonistas. En la actualidad, Carruth trabaja en su tercera película, un filme sobre el transporte internacional de mercancías por vía marítima, titulado The Modern Ocean, que todavía no tiene fecha de estreno. En cuanto a A Topiary, el director no descarta recuperar el proyecto dentro de unos años, si consigue el dinero necesario.